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34 LA HISTORIA COMO CAMPO DE BATALLA

entre 2OO8 y 2O1O. Para este libro he vuelto a trabajar por
cornpleto todos estos escritos. Agradezco a Flugues Jallon,
qu. acogió eI proyecto de transforrnar estos textos en un li-
b.o, y a Rérny Tor.rlouse, qlre rrre perrnitió llevarlo a cabo' I. FIN DE SIGLO

El siglo w de Eric Ífobsbawrn

Enrc J. FIoeseawNl es sin duda, hoy, eI historiador rnás leído
en el rnundo. Esta notoriedad se debe sobre todo aI éxito
planetario de Historia del siglo xx (1,994), su historia del
'tcorto" siglo xx.1 Desde luego que ya ocupaba un lugar pro-
tagónico en Ia historiografía internacional, pero la apari-
ción de esta obra Ie perrnitió conquistar un público rnucho
más grande. Cualquier nueva interpretación del rnundo
conternporáneo no podrá éscapar a una confrontación con
su perspectiva, que se ha vr-relto canónica. Esta constata-
cién revela una paradoja: eI siglo xx cukninó en Lrn clirna de
restalrración intelectual y política, despedido por un estré-
pito rnediático que anunciaba el triunfo definitivo de la so-
'óiedad de rnercado y del liberalisrno; Hobsbawrrl, en carn-
bio, no esconde sus sirnpatías por eI cornunisrno, eI gran
perdedor de la Guerra Fría, ni su adhesión a una concep-
ción de Ia historia de inspiración rnarxista. Su libro funcio-

' ná óorno contrapunto aI consenso liberal en torno a una vi-
iiOn del capitalisrno con-ro orden natural del rnundo.2 Esto

r"' ': . " I E ric llobsbawrn, L'Age des extréntes. Histoire du court »x siécte I 9 I 4-' 1991 Ug94l, Bruselas, Complexe, 2OO3 [trad. esp.: Historia del siglo )$, trad.
de Juan Faci, Jordi Ainaud y Canrre Castells, Barcelona, Críüca, 1 995; reed.

. en Buenos Aires, 19981.
,., 2 La recepción del libr-o de llobsba'uvrrr coincidió, por otro lado, con el
,:desarrollo del blairisrno en fnglaterra, frente al cual Hobsbawm torrró dis-
tqncia, tras haber sido uno de sus inspiradores desde las páginas de la re-

.::r{--.jyista Marxisnt Today. Sobre las contradicciones políticas de Hobsbawm,
:=':r,vgase Perrf Anderson, "The Vanquished Left: Eric Hobsbawrn", en Spec-
r'.""' frunt. Front Right to l*ft in the History of ldeas, Londres, Ver-so, 2005, pp.

: -::'."'i 35

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36 LA HISTORIA COMO CAMPO DE, BATALLA

es partictllarrnente cierto en Francia, donde llegó a las li-
brerías, gracias a un editor belga, cinco años después de su
ed.ición ingl"sa original y luego de haber sido traducido a
rnás de veinte lenguas. En L997 , Pierre Nora explicaba en
Le Débat que una obra así, anacrónica e inspiiada en una
ideología de otra época, nunca sería rentable para un editor
(Io quJ rnotivaba la decisión de rechazarlo err su colección
de Caltirnard').3 Dicho pronóstico, rápidarnente desrnentido
por eI éxito del libro, suponía un prejuicio ideológico: la
Lxistencia de ...na sintonía perfecta entre la sensibilidad de
los lectores y Ia recepción entusiasta que los rnedios de co-
rnunicación reservaron para El pasado de una ilusión' de
Frangois Furet (L995), y Et libro negro del conzunisrno (1997).

casi 15 años después de su publicación, ei libro de Hobs-
bawrn rnerece ser releído a la iuz de su obra, enri.quecida
por Llna irnportante autobiografia y algunas selecciones de
Lr"^yo.. Tarnbién cabe ponerlo en relación corr otras histo-
rias del siglo xx, orientadas por rnétodos y rniradas distin-
tos, publicadas en eI transcurso de estos úItirnos años'

U¡¡a rerRALoGfA

La Historia del siglo Sor es el últirno volurnen de una tetralo-
gía. Viene despuás de tres obras dedicadas a Ia historia del
,iglo ,r, publicadas entre 1962 y 1987. EI prirner libro ana-
liia Ios carnbios sociales y políticos que acornpañaron Ia
transición del Antiguo Régirnen a Ia Europa burguesa (za
era de la ret¡olución, 1789-1848). El segundo reconstruye el

316-3 18 [trad. esp.: "La izquierda vencida: Eric Hobsbawnt", en spectrunt.
De ta deicha a lá izquierda en el ntundo de las ideas, trad. de Cristina Piña
Aldao, Madrid, Akal, 2008, pp.297-34Of'

3 Véase pierre Nora, .,tráduire: nécessité et difficultés", en I-¿ Débat,
núrrr. 93, 1997, p.94.

FIN DE SIGLO

auge'del capitalisrno industrial y la consolidación de la.bur-
guesía corno clase dorninante (La era del capital, lB48-
1875). El tercero estudia el advenimiento del irnperialisrno
y concluye con la aparición de las contradicciones que frac-
turaron el "concierto europeo", creando las prernisas de su
estallido (La era del irnperio, 1875-191+¡.+ Hobsbavurn no
lnabía planeado estas obras; rnás bien surgieron a 1o largo
del tiernpo, por errcargo de sr¡s editores y por el estÍrnulo
que le proporcionaba la evolución de sus investigaciones.
En el f,ondo, su trayectoria historiográfica es la de un espe-
cialista del siglo xrx. En 1952, fundó con Edward P. Thornp-
son y Christopher HiII Ia revista Past and Present, tentativa
de síntesis errtre el rnarxisrno y la escuela de Annales. Se
dedicó a estudiar la historia social de las clases trabajado-
ras y las revueltas campesinas en Ia época de la Revolución
Industrial: eI rnarxismo y Ia forrnación del rnovimiento
obrero ocupaban el centro de sus interesés. La elaboración
de estos trabajos pioneros fue acornpañada por slrs grandes
síntesis históricas. De factura rnás clásica y escritos en urr
estilo accesible para eI gran público, Ios libros de su tetralo-
gía no construyen nuevos objetos de investigación ni alte-
ran los enfoques historiográficos tradicionales. Bosquejan
un arnplio fresco del siglo xrx que, en la larga duración,
éóha luz sobre las fuerzas sociales. Dicho de otro rnodo,
existe una distancia entre, por un lado, el historiador de los

' a Eric Flobsbawrn, L'Ére des révolutions 1798-1848 L196Zl, Paris, Ha-, chette-Plunel, 2OO2 [trad. esp.: Las revoluciones burgue.s¿s, trad. de Felipe
Xirnenez de Sandoval, 2 vols., Madrid, Guadarrarna, 1974; reed.: La era de
la revoluciótt, t79B-1848, Buenos Aires, CrÍtica, 1.997f; L'Ere du capital
1848-1875 11975f, París,Elachette-Pluriel,2OO2 ftrad.esp.:I-aerad.elcapi-
talisnto, trad. de A. GarcÍa Fluixá y Carlo A. Caranci, 2 vols., Madrid, Gua-
dan-arna, 1977; reed.: La era del capital, 1848-t 875, Buenos Aires, CrÍtica,

. .19981; L'É,re des entpires 1875-1914 tl9871, París, Hachette-pluriel, 1999
-.--t!rád. esp.:Laeradelintperio, 1875-lgl4,trad.deJuanFaciLacasta,Barce-

lona, Labot 1989; reed. enBuenos Aires, Crítica, 19981.
I
i,
i

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50 LA HISTORIA COMO CAMPO DE BATALLA

sobre todo Ranajit Guha, han reprochado a sl-r. colega britá-
nico el consid.erar las luchas carrlpesinas conlo esencial-
rnente ..prepolíticas" a causa de su carácter "irnprovisado,
arcaico y espontáneo", y de ser incapaz de captar su dirnen-
sión profunáarnente polÍtica, aunque irreductible a los códi-
gos ideológicos del rnundo occidental.32 Esta crÍtica vale
ciertarnente rnás para st-r tetralogÍa qLle para sus estudios de
historia social. Según Edward Said, tal representación de las
sociedades no occidentales corno lugares de una historia
"derivada, no original" es ttn "pttnto ciego" (blindspot) total-
rnente sorprenderrte err un investigador que se ha distin-
guido por haber criticado el eurocentrisrno de la historiogra-
ár. t.aái.ional y estudiado las "tradiciones inventadas".33

En el fondo, llobsbawrrr nLrrrca se ha alejado reaknente
de Ia posición de Marx, que estigrnatizaba al irnperialisrno
británico por slr carácter inhurnano y predadol pero se obs-
tinaba en otorgarle una misión civilizadora en nornbre de Ia
dialéctica histórica. F,rt La era del capital, Hobsbawrn dedica

[trad. esp.: Rebeldes printitivos. Estudio sobre las forntas arcaicas de los
ntovintientos sociales en los siglos xtx y xx, trad. de Joaquín.Rornero Maura,
Barcelona, Ariel, 19681; Eric Hobsbawrn, Les Bandits [1969], París, Zones,
2O0g [trad. esp.: Bandidos, trad. de Dolores Folch y Joaquirn Sernpere, Bar-
..lorr., Ariel, 19761. Véase al respecto Michael LÓwy, "Du capitaine Swing
á Pancho Villa. Résistances paysannes dans l'historiographie d'Eric Hobs-
bawrn", enDiogéne, núrn. 189, 2000.

32 Ranajit curra, Elernentary Aspects of Peasant Insurgency in Colonial
India, CaÁbridge, Har-vard University Press, 1983, pp. 5-13 ltrad. esp.: "As-
pectos elementáles de la insurgencia carrpesina en la India colonial", en
L* uo"n, de la histotia y otros estudios subalternos, trad. de Gloria Cano,
Barcelona, Crítica, ZOOi, pp.95-1121. Véase tarrbién Jackie Assayag, "'Sur
les échasses du terrrps'. Hisioire et anthropologie chez Eric J. Hobsbawrn",
ert Revue d'histoire rnodenze et contenaporaine, nitrr¡.53-54 bis, 2006, p. l1o.

33 Edward Said, ..contra Mundum", en Reflectiotts ott Exile, Londres,
Granta, 2001, p. 481 [trad. esp.: Reflexiones sobre el exilio, trad. de Ricardo
García Pérez, Barcelona, Debate, 20051. E,dward said hace alusión a Eric
Hobsbawrrr y a Terence Ranger (eds.), L'Invention de la tradition, París, Ams-
terdarrr, zoo6 [tr-ad. esp.: La-invención de la tradición, trad. de on-rar Rodrí-
guez, Barcelona, Crítica, 2OO27.

FIN DE SIGLO

un capítulo a las víctirnas de Ia colonización ("Los perdedo-
r:es") en eI que slrbraya el "optirnisrno" de Marx, pero del
que ratifi.ca rnás adelante su diagnóstico fundarnental. Tras
recordar los sufrirnientos de ios colonizados, constata, err
un torro arrlargo y resignado, que "todavía no ha llegado el
día" en el que éstos plredan dar vuelta "Ias arrnas del pro=
greso" corrtra sus opresores. De go1pe, su recuerdo de los
saqueos de Ia harnbmna en India, err la qrte {'se rnorían de a
millones", o de otras inmrrnerables "catástrofes" de ia rnitad
del siglo xrx en eI conjunto del mundo colonial, aparece
más corno un producto del retraso del rnundo extraeuropeo
que corrlo Lrna consecuencia de la dorninación irnperial.3a

La escritura de la tetralogía de Hobsbawrn, escalonada
en casi 35 años, entre fines de los años cincuenta y rnedia-
dos de los años noventa, se inscribe en u.n horizonte tristo-
riográfico qr-re precede al poscolonialisrno. EI lazo íntirno
qLle urre las harnbrunas y las "catástrofes naturales" del si-
glo xrx se ha convertido posteriorrnente en todo un terreno
de trabajo historiográfico. Al destacar que, a diferencia de
la "paz de cien años" irnpuesta en Europa por el Congreso
de Viena en 1B 14, eL sigio xrx no ha sido un "irtter?nezzo
tranquilo" en África, Asia u Oceanía, Osterharnrnel presenta
eI rnundo extraeuropeo en Ia época de ias conquistas colo-
niales corrlo un sisterna de "anarquía regulada".3s Dicho de
otro rnodo, se trataba de un espacio rernodelado por el irn-
perialisrno -tanto en el plano econórnico corno rnilitar- en
nornbre de un "liberalisrno internacional concebido en tér-
rninos social-darwinistas y racistas" .36 La violencia difun-
dida por dicha "anarquía regulada" no era eI resultado ex-
clusivo de las arrrlas, rrruy por el contrario. Osterharnrnel
reconoce que "Ia conquista colonial condujo por doqr.rier a

3a Eric Hobsbawm, The Age of Capital, op. cit., pp. 116-134.
3s Jürgen Osterharrrrnel, Die Verutandlung der Welt, op. cit., p. 735.
36 lbid.

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52 LA HISTOzuA COMO CAMPO DE BATALLA
la desestabilización política, social y biológica"s7 y provocó
inclrrso Lrn "nuevo tipo de ecología de Ia enferrnedad (Krank-
heitsólcologie)". Cualquier historiado4 acepte o no generali-
zar el uso del concepto de "genocidio", está de acuerdo en
ver en eI colonialisrno la causa esencial, directa o indirecta,
de las "catástrofes naturales" qtle devastaron eI rnr.rndo ex-
traeuropeo durante el siglo xrx. Según Osterharnrnel y Ete-
rnad, los desplazarnientos de poblaciones vinculadas con 1a
construcción de vías férreas y embalses, la urbanizaciórt
rnasiva en rnalas condiciones higiénicas, la propagación de
la rnalaria, Ia tuberculosis, la disentería, Ia vimela, que in-
trodujeron Ios británicos en Ia India colonial, es decis en el
conjunto de Asia del Sur:, rnataron aI menos a 30 rnillones de
seres hurnanos. La población argelina disrninuyó un tercio
después de la prirnera guerra colonial del general Bugeaud.
En África negra, entre 188O y 1920, el descenso de Ia pobla-
ción fue bmtal, de un tercio a Ia rnitad, según los países. A
veces, los genocidios eran eI producto de una polÍtica de
exterrninio planificada, corno ocurrió con los hereros, so-
rnetidos a la dorninación alernana en Ia actual Narnibia;
otras, de una explotación dernoledora, corno en las planta-
ciones de caucho del Congo belga, propiedad personal del
rey Leopoldo II. IJnas ciftas sirnilares atañen a las poblacio-
nes aborígenes de Australia, cuyos sobrevivientes obü-rvieron
Ia ciudadanÍa recién en 7967. ResultarÍa difícil discutir que
eI enorrne pasivo dernográfico de Áfri.. e India (no sólo de
Tasrnania o Nueva Guinea), a 1o largo del siglo xrx, no sea
irnputable al colonialisrno.38 Tarnbién es útii recordar que Ia
úItirna gran harnbn:na europea, la de Irlanda entre 1845 y
1849 (un rnillón de rnuertos de una población de 8,5 rnillo-

37 Jürgen Osterharnrn el, Die Vet'u¡andlung der Welt, op. cit., pp. 1 95 y L9 6.
38 Véase especiahnente Bouda Eternad, I-a- Possession du rnonde. Poids et

Trxesures de la colonisation (xvttt-x* siécle), Brrrselas, Cornplexe, 2000, sobre
el que se basa Osterharnrnel.

FIN DE SIGLO 53

nes), se produrjo en url contexto de dorninación coloniai. Di-
cho de otro rnodo, Iejos de ser una catástrofe "natural", la
hambruna era un elernento de esa "anarqttÍa regulada", Llna
suerte de gubernantentalidad colonial (para recuperar el con-
cepto foucaultiano sobre las polÍticas de control de los terri-
torios y las poblaciones) a través de Ia cual el irnperialisrno
logró asentar su poder y vencer toda'resistencia.3e Es cierto
que esta historiográfía data de los úItirnos veinte años, pero
Hobsbawrn disponÍa, no obstante, de La gran trarlsforrzta-
ción (1.944), donde Polanyi interpretaba las harnbrunas in-
dias del siglo xrx corrro el producto conjunto de Ia liberaliza-
ción del rnerc_ado del trigo y la destrucción por los británicos
de las cornunidades lugareñas.ao

La industrialización profundizó Ia distancia entre Occi-
dente y el resto del rnundo. Hobsbawrn subraya qLre, a fines
del sigio xv[r, Europa no era hegernónica en eI plano tecno-
lógico ni tarnpoco en el plano político- La China irnperial
podÍa aparecer corno un continente extraño y exótico a los
ojos de los viajeros occidentales, pero nadie la habría califi-
cado de "inferior" o "atrasada". En la vÍspera de la Gran
Guerra, en carnbio, estos dos rnundos habían quedado se-
parados por un abisrno irnpresionante. En 1913, el pro-
ducto bruto interno de Occidente era siete veces rnás alto
que eI de los países del tercer rnundo,al según las estirnacio-
nes de Hobsbawrn, quien se lirnita a constatar el Sondertileg
[vía especial] europeo, pero sin preguntarse por sus causas.
Cuando se refiere a la superioridad tecnológica de Europa
-"un hecho innegable y triunfal"-,la ve corrro una eviden-
cia. Ciertarnente, no adopta una postura apologética corrlo
Ia de David Landes, para qr-rien Ia dorninación planetaria de

3e Es la tesis defendida por Mike Daüs, Génocides tropicaux. Catastt'ophes
naturelles et fannines coloniales ( 1870-1900), París, La Découverte, 2006.

a0 I(arl Polanyi, The Great Trandorrnation, op. cit., pp. 158-160.
al Eric Elobsbawrrr, The Age of Empire, op. cit., p. 15.

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68 LA HISTORIA COMO CAMPO DE BATALLA

británicos de Ios años cincuenta. Luego, tornando prestada
la fórrnula a Carlo Ginzburg, constata el paso de la historio-
grafía del telescopio a la del rnicroscopio después de 1968:
un desplazarniento de1 análisis de las estructrrras socioeco-
nórnicas aI estudio de las rnentalidades y de las culturas-S1
En Historia del siglo xx, eI siglo es observado con un teles-
copio. Flobsbawrn adopta un enfoque braudeliano en el
que Ia "Larga duración" engulle el acontecirniento. Se pasa
revista por los rnovirnientos centrales de un siglo de cata-
clisrnos corno si fueran las piezas de un conjunto, rararnen'-
te aprehendidas en st-l singularidad. No obstante, se trata de
una época rnarcada por rupturas repentinas e irnprevistas,
por irnportantes inflexiones qtre no pueden reducirse a sus
;..,r".r", por bifurcaciones que no se inscriben lógicarnente
en tendencias de larga duración. Podernos asignarles un Iu-
gar en urra secuencia reconstmida a posteriori; pero no pre-
sentarlas corrro las etapas necesarias de un proceso. Varios
críticos han sr.rbrayado eI silencio de Hobsbawrrr respecto de
Auschwitz y I(olirná, dos nornbres qLle no figuran en el Ín-
dice de su libro. Los carnpos de concentración y de exterrni- '
nio no tienen lugar err su relato. En el siglo de Ia violencia,
las vÍctirnas son red.ucidas a cantidades abstractas. Su ob-
serwación sobre el terna de la Shoah ("No creo qrre tales ho-
r.rores puedan encontrar una expresión verbal adecuada")82-
es sin duda cierta, a pesar de Paul Celan y de Prirno Levi, y
desde ya que es psicológicarnente corrlprensible, pero no
podría servir de explicación. Más aún cuando innegable-
rrente es coÍrpartida por otros historiadores que, corno"
Saul Friedlándec han dedicado su vida a estudiar el exter-

8r Eric Hobsbawm, Interesting Iintes, op. cit., p. 294.
82 Eric Flobsbawrn, "Corrrrnentaires", en Le Débat, núrn. 93, 1997, p. 88.

El silencio de Hobsbawrn sobre Auschwitz y l(olimá es subrayado por
I(rysztof Pomian, "Quel xx" siécle?", en el rnismo núntero de Débat, pp. 47
y 74. Yéa§e tarrrbién la inter:vención de Arno Mayer en 1a selecciírt L'etd
degli estrenzi,'o¡t. cit., p.33.

FIN DE SIGLO

minio de los judÍos de Europa, tratarrdo de poner palabras a
rln "acontecirniento" que fracturó eI siglo, qrre introdujo el
concepto de "genocidio" en nuestro léxico y que rnodificó
nuestra rnirada sobre la violencia. En carnbio, si esta obser-
vación fuera erigida con-ro torna de posición rnetodológica,
estaría avalando una forrna de rnisticisrno oséurantista (el
Holocausto corno entidad rnetafísica por definición indeci-
ble e inexplicable) que sería rnuy sorpre¡rdente en la plurna
de un gran historiador que se ha asurnido corno heredero de
la Ilustración.

Esta indiferencia hacia el acontecirniento no concierne
solarnente a los carrlpos nazis y aI gulag, sino tarnbién-a
otros rnomentos clave del siglo xx. Por ejernplo, la,torna del
poder de Hitler en Alemania, en enero de 1933, Ilobsbawrn
la inscribe sirnplernente en una tendencia general rnarcada
por el desarrollo del fascisrno en Europa, pero no Ia analiza
corrro una crisis específica cuyo desenlace rro era inelucta-
ble. (Ian I{.ershaw, trno de los rnejores especialistas en histo-
ria del nazisrno, considera este acontecirniento corno eI re-
sultado de un "error de cáIcr,rio" de las elites alernanas.) Se
podría decir 1o misrno del Mayo Francés; Ia apreciación que
hace llobsbawrn de é1 parece fuerternente condicionada
por elernentos de orden autobiográficos (en sus rnernorias
confi.esa que prefiere el jazz. a la rnúsica de rocl< y que nunca
ha usado vaqueros).83 Así avala, de rnanera bastante expedi-
tiva, Ia opinión del "conservador cultivado" Rayrnond Aron,
para quien eI Mayo Francés fue, al fin y al cabo, sólo un
"psicodrarla". Las barricadas del barrio latino, la huelga
general con rrlayor acatamiento desde 1936 y Ia huida a Ba-
den-Baden dei general De Gaulie se convierten en una pieza
de "teatro callejero".sa

83 Eric ÉIobsbawm ,Interestinglirnes, op. cit., pp.252y 262.
84 lbid., p. 249, y L'Age des extrémes, op. cit., p. 580.

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70 LA HISTORIA COMO CAMPO DE BATALLA

La adopción de este enfoque de "Larga duración" que
borra la singularidad de los acontecirnientos rro es una in-
novación del últirno Hobsbawrn; ya estaba presente en los
volúrnenes anteriores de su tetralogía. Ahora bien, en Histo-
ria del siglo xx 1a larga duración ya no se inscribe en una vi-
sión teleológica de Ia historia. Hobsbawrn ha rnantenido
con Marx una relación crÍtica y abierta, no dogrnática.
Siernpre ha rechazado Ia idea de una slrcesión jerárquica e
ineluctable de estadios históricos de Ia civilización, típica de
r¡n rnarxisrrlo qr-re califica de "wuIgar". Pero hace unas déca-
das, pensaba que Ia historia tenía :una dirección y qLre rrrar-
chaba hacia el socialisrno, identificado con "la ernancipa-
ción creciente del Hornbre respecto de la naturaleza y su
capacidad creciente de dorninarla".ss En Historia del siglo xx
esta certezaha desaparecido: el futuro nos resulta descono-
cido. Las úItirnas palabras del libro -un futuro de "tinie-
b1as"- parecen hacerse eco del diagnóstico de Max Webe¡,
quien en 19L9 anunciaba "Ltna noche pola4 de una oscr.ri-
dad y una dureza glaciales".só I{obsbawrn ha labrado acta
del fracaso del socialisrno real: "Si Ia hurnanidad ha de tener
un futuro, no será prolongando el pasado o eI presente".87
No podernos asegurar que no haya ntlevas catástrofes en eI
futuro; de hecho, son probables si nlrestro rnodelo de civili-
zaci1rt no se rnodifica, pero las tentativas d.e carnbiar eI
rnundo qLre se hicieron en eI pasado han fracasado. FIay qr-re
carnbiar de ruta y no tenernos brújula. La inquietud de
ÉIobsbawrn es Ia de nuestro tiernpo.

8s Eric Hobsbawrn, "What do Historians Owe to l(arl Mar-x?" [1969], en
On History, op. cit., pp. 152 y 153.

86 Max Webeu Le Savant et le Politique, Parts, La Découverte, 20O3, p.
205 [trad. esp.: El político y el científico, México, Colofón, 2OO7l.

s7 Eric Flobsbawrn , L'Ág,e des extrérnes , op . cit., p" 7 49 .

II. REVOLUCIONES.
178gY 1917, DESPUÉS L989

Sobre Frangois Furet y Arno J. Mayer

EN 1927, Eisenstein fiknaba Octubre,Ia obra rnaestra cine-
matográfica que'consagró el rnito de ia Revolución Rusa al
inscribirlo en eI irnaginario colectivo del siglo xx. La torna
del poder por parte de los bolcheviques se convertía así en
una insurrección del pueblo, bajo la dirección del partido de
Lenin. Durante varias décadas, la revolución serÍa pensada
alavez conl.o epopeya y corrro estrategia rnilitar: En el plano
historiográfr.co, el equivalente de la película de Eisenstein
fiie Historia de la Revolución Rusa (1930-7932), de Trotski,
versión rnoderna de los relatos revolucionarios de Jules Mi-
chelet y Thornas Carlyle, enriquecida por la sensibilidad del
testigo, la agudeza conceptual del teórico y la experiencia
del jefe rniiitar. Este rnito sobrevivió rnás o rnenos hasta los
años setenta, época en la qr.re resurgió con fiterza en Portu-
gal, en Vietnarn y en Nicaragua. Pero ya no ejercÍa su poder
de fascinación una década después, cuando fue sepultado
con eI final del socialisrno real. Otra lectr-rra de la Revolución
Rusa, una suerte de contrarnito'negativo, conternporáneo y
paralelo a la hagiografía soviética, parece, en carnbio, haber
conocido un rebrote con,el carnbio rnarcado en 1989. El
contrarnito presenta eI cornunisrno corrlo un fenórneno tota-
litario que crLlza la historia del sigio xx: fue concebido en
1,917 por una banda de fanáticos y se perpetLló en una orgía
de violencia hasta la llegada de Gorbachov. Ésta es la tesis
que defi.enden sovietóIogos estadounidenses como Richard
Pipes y Martin Malia, tarnbién Ernst Nolte, quien describe

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