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TitleAvalos Tenorio. Breve Introduccion Al Pensamiento de Hegel
TagsGeorg Wilhelm Friedrich Hegel Dialectic Reality Empiricism Understanding
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ción al percatarse de que la riqueza se le presenta como
algo ajeno y esto la hace depender de una voluntad ex-
traña. Este desgarramiento da lugar a una nueva esci-
sión: la que existe entre el mundo alienado de sí mismo
como formación cultural, y el mundo irreal de la pura
conciencia o del pensamiento. Este puro reino del pen-
samiento es la religión, pero en un primer momento
de su constitución que se presenta como creencia. El
objeto de la creencia es el mundo real elevado a la uni-
versalidad de la pura conciencia. La conciencia creyen-
te tiene su realidad en el mundo de la cultura pero, al
mismo tiempo, pretende superarla desde un más allá.
Frente a la creencia se levanta la pura intelección para
la que lo único real es el concepto. La pura intelección
encuentra su elemento propio en el juicio infinito, que
consiste en encontrar al yo en una cosa, para luego re-
ferir la cosa al yo:

Lo que aquí es para el yo lo otro es solamente el yo mismo. En
este juicio infinito se ha cancelado toda unilateralidad y toda
peculiaridad del originario ser para sí; en sí mismo se sabe ser
su objeto como puro sí mismo; y esta igualdad absoluta de
los dos lados es el elemento de la pura intelección […] Esta
pura intelección es, por tanto, el espíritu que grita a todas las
conciencias: sed para vosotras mismas lo que todas sois en vo-
sotras mismas: racionales ( : 317).


La Ilustración se manifiesta en su carácter propio sólo
frente a la fe. La relación de la Ilustración con la fe no
es de simple negación sino, como ocurre siempre en

el caso de Hegel, de una compenetración tal que hace
aparecer a ambas como iguales en su relación. Al cri-
ticar la fe, la Ilustración en realidad se hace semejante
con aquello que condena.

La Ilustración, que se hace pasar por la pureza misma, con-
vierte aquí lo que para el espíritu es vida eterna y espíritu san-
to en una cosa perecedera real y lo mancha con el punto de
vista en sí nulo de la certeza sensible, que nada tiene que ver
con la fe de la adoración, con lo que se lo imputa fraudulenta-
mente a ésta. Lo que la fe adora no es para ella, en absoluto, ni
piedra ni madera ni masa de pan, ni otra cosa sensible tempo-
ral cualquiera. Si a la Ilustración se le ocurre decir que el objeto
de la fe es también esto o incluso que es esto en sí y en verdad,
hay que señalar que la fe conoce igualmente aquel también,
que cae fuera de su adoración y que, de otra parte, algo como
una piedra, etc, no es para ella en sí, sino que para ella es en sí
solamente la esencia del puro pensamiento ( : 326).

A esto se agrega que la Ilustración considera insensato
que el individuo creyente se dé la conciencia superior
de no hallarse encadenado al goce y al placer. En suma,
la Ilustración se niega como pura intelección porque
le niega a la fe la posibilidad de que el actuar pueda
reposar precisamente en el pensamiento de un orden
superior que la libera realmente de “los fines de la sin-
gularidad” que son el goce y el placer. La Ilustración
ha difundido la idea de que toda determinidad debe
ser concebida como finitud, esencia y representación
humanas, con lo cual, la esencia absoluta se convierte

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en un vacío. Y aquí asistimos a uno de los más finos
desarrollos de Hegel, pues no sólo va a mostrar la iden-
tidad entre la fe y la Ilustración sino que va a plantear
con gran fuerza y elocuencia dos de las directrices de
su propio pensamiento:


La pura esencia absoluta sólo es en el puro pensamiento o, me-
jor dicho, es el puro pensamiento mismo; por tanto, es simple-
mente más allá de lo finito, de la autoconciencia, y solamente la
esencia negativa. Pero, de este modo, es precisamente el ser, lo
negativo de la autoconciencia. Y como negativo de la autocon-
ciencia, es también referido a ella; es el ser exterior que, referido
a la autoconciencia, dentro de la cual se dan las diferencias y
las determinaciones, cobra en él las diferencias de ser gustado,
visto, etc.; y la relación es la certeza sensible y la percepción
[…].
Es esencial, aquí, considerar que la pura materia sólo es lo que
resta si hacemos abstracción de la vista, del tacto, del gusto,
etc., es decir, la materia no es lo visto, gustado, tocado, etc.; lo
que se ve, se palpa, se gusta, no es la materia sino el color, una
piedra, una sal, etc.; la materia es más bien la pura abstracción;
y así se da aquí la pura esencia del pensamiento o el pensamiento
puro mismo, como lo absoluto no diferenciado en sí, no deter-
minado, carente de predicados ( : 339).


Como vemos, Hegel plantea con claridad que la ver-
dad del objeto radica en la relación que establece con
el sujeto. Lo que aparece como cualidades del objeto
material sólo es tal en conexión con el pensamiento del
sujeto: el ser es relación. Además señala que no exis-

te sólo una sino dos Ilustraciones. Una de ellas llama
“esencia absoluta” al absoluto carente de predicados
que está más allá de la conciencia real. La otra parte
del ser sensible del que luego hace abstracción como
materia absoluta. Las dos coinciden en el “puro ser”.
Así, ni la una ni la otra

han llegado al concepto de la metafísica cartesiana de que el
ser en sí y el pensamiento son lo mismo, al pensamiento de que
el ser, el puro ser, no es una realidad concreta, sino la pura abstrac-
ción, y, a la inversa el puro pensamiento, la igualdad consigo
mismo o la esencia es, en parte, lo negativo de la autoconcien-
cia y, por tanto, ser y, en parte, como inmediata simplicidad,
no es tampoco otra cosa que ser; el pensamiento es coseidad [das
Denken ist Dingheit], o la coseidad es pensamiento [Dingheit ist
Denken] ( : 340, 427).

El objeto es, así, el movimiento de lo universal hacia
la singularidad y también es el movimiento de la sin-
gularidad hacia lo universal. A diferencia de la razón
observante que buscaba y se encontraba a sí misma en
el objeto inmediato, hasta la cúspide de hallar el ser del
yo en una cosa, de la misma manera en la Ilustración
supera a la cosa y la sitúa en función del yo (la cosa es
yo) con lo que subsume a las cosas en su utilidad. La
intelección, entonces, llega a la utilidad de las cosas y,
a partir de ello, sienta a la libertad como la posibilidad
de actuar y modificar el mundo de acuerdo con la vo-
luntad. Así, “el cielo ha descendido sobre la tierra y se
ha transplantado a ella” ( : 343).

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La soberanía exterior, 203
Las relaciones entre Estados, 204

adenda, 207

cronología, 212

glosario, 213

aBreviaturas, 219

BiBliografía, 220
Obras de Hegel, 220
Bibliografía suplementaria, 222

es una publicación de la
dirección de puBlicaciones y promoción editorial

de la coordinación general de difusión
de la universidad autónoma metropolitana.

Esta obra se terminó de imprimir en diciembre de 2011
en los talleres gráficos de la Dirección de Publicaciones y Promoción

Editorial de la uam, Boulevard Adolfo Ruiz Cortines núm. 5157,
Col. Guadalupita, Tlalpan, 14610 México, D. F.

En su composición se utilizó la familia tipográfica Palatino,
la formación estuvo a cargo de DCG Rosalía Contreras Beltrán.

La edición consta de 1 000 ejemplares y estuvo al cuidado
del autor y de Santiago Sánchez Cuaxospa.

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