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TagsJesus Christ (Title) Crusades Catholic Church Inquisition
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Josef Imbach

¿De quién es Jesús?
Su significación para

judíos, cristianos y musulmanes

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JOSEF IMBACH
Experto en Cuestiones limítrofes entre literatura y teología
Pontificia Facultad teológica San Buenaventura de Roma

¿DE QUIEN ES JESÚS?

Su significación para judíos,
cristianos y musulmanes

BARCELONA
EDITORIAL HERDER

1991

^ mu

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de Cristo. A partir de los rasgos bosquejados
por los autores neotestamentarios, estos dog-
mas esbozaron pinceladas aisladas, destacaron
aspectos parciales o dieron más vivo colorido a
algunas facetas.

Y así ha venido sucediendo a lo largo de to-
dos los siglos. Son justamente las representa-
ciones artísticas —que no han surgido con inde-
pendencia de la proclamación eclesial— las que
más expresivamente testifican que no existe una
imagen de Cristo supratemporal y, en este sen-
tido, de validez universal, sino que todas ellas
están ligadas a su tiempo11. Estas representa-
ciones van desde el joven pastor lampiño del
antiguo arte de las catacumbas, pasando por la
imagen del Imperator y Kosmokrator entroni-
zada sobre fondo de oro que sugiere intempora-
lidad, hasta el Cristo Rey y Juez del mundo de
las portadas y los ábsides románicos. Hasta el
siglo XIII no aparecen las representaciones del
Crucificado con corona de espinas, aludiendo
así a sus padecimientos. En Durero y Grüne-
wald hallamos ya un varón de dolores terrible-
mente atormentado. El barroco católico tardío
dio su preferencia a las sentimentales imágenes
del corazón de Jesús. En el siglo XVIII aparecía
Jesús como farmacéutico que administra el pol-
vo de la virtud. Y, a partir de aquí, no se está

11. La siguiente exposición resumida sobre las representaciones de
Cristo en el arte se ha tomado, en parte, cuanto al contenido y en parte
literalmente, de H. Kúng, Ser cristiano, Cristiandad, Madrid 41978.
Cf. J. Pelikan, Jesús a través de los siglos, Herder, Barcelona 1989.

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ya lejos de las insípidas imágenes de Jesús de los
nazarenos alemanes y franceses. En dirección
completamente distinta avanzan las representa-
ciones de importantes artistas de nuestro tiem-
po, como Beckmann, Corinth, Nolde, Rouault,
Barlach, Matisse, Chagall...

Existen razones tanto teológicas como de
pedagogía religiosa —estrechamente relaciona-
das entre sí— para explicar esta diversidad.
Dado que Jesús es más que simple hombre, des-
borda todas las posibles representaciones hu-
manas. Por otro lado, es preciso enunciar y
actualizar su persona y sus enseñanzas en di-
versos y siempre cambiantes contextos socio-
culturales. De ahí que hallemos ya en los mis-
mos Evangelios diversas figuras de Jesús que se
complementan entre sí. Marcos describe a Jesús
preferentemente como taumaturgo; casi la ter-
cera parte del material por él reelaborado se
compone de relatos de milagros. En el Evange-
lio de Mateo Jesús aparece básicamente como
Maestro (rabí). Lucas, por su parte, subraya,
más que los restantes, la predilección de Jesús
por los pecadores y, en consecuencia, su miseri-
cordia. Como es bien sabido, es el único evan-
gelista que incluye las parábolas de la dracma
perdida (15,8-10), del hijo pródigo (15,11-32),
del fariseo y el publicano (18,9-14) y el episodio
del encuentro de Jesús con el publicano Zaqueo
(19,1-10). Para Juan, en fin, Jesús es fundamen-
talmente el Revelador, el que «ha contado» co-
sas de Dios (1,18).

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Estos diversos acentos, que desembocan en
distintas imágenes de Cristo, eran necesarios
porque los evangelistas debían tener en cuenta
la situación concreta de sus destinatarios. Al
proceder así, actualizaban la figura y el men-
saje de Jesús. Más tarde, como ya hemos vis-
to, también los concilios de la Iglesia antigua
procuraron desempeñar este trabajo de traduc-
ción.

Otro tanto puede decirse respecto de las re-
flexiones cristológicas de los siglos posteriores,
cristalizadas en las distintas formas de la piedad
cristiana que, por su parte, no representan otra
cosa sino aspectos concretos del único misterio
de Cristo. Así, pues, en el fondo hay siempre
una determinada figura de Jesús. Y esto ocurre
incluso en los casos en que no se advierte de
forma expresa. Cuando, por ejemplo, la espiri-
tualidad de san Francisco de Asís (1182-1226)
se propone traducir radicalmente el evangelio a
la vida, produce una espiritualidad marcada no
por una «figura evangélica de Cristo» fuera del
tiempo ni por la imagen del Señor exaltado o
del Juez universal por venir, sino básicamente
por la del Jesús pobre y doliente.

Es un hecho que ni los dogmas paleocristia-
nos ni las múltiples formas de piedad que se
han desarrollado a lo largo de los siglos han po-
dido reproducir al Cristo total. Y lo mismo
puede decirse respecto de las actuales reflexio-
nes teológicas y de la predicación de la Iglesia
en nuestros días.

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Todo estudio teológico de Jesús está, en
efecto, guiado por unos determinados intere-
ses, que dependen, a su vez, de la fe de que «no
hay otro por el que hayamos de ser salvos»
(Act 4,12). Traducido a la práctica, esto signifi-
ca que la teología y la predicación cristianas de-
ben incluir en sus reflexiones las concretas ex-
periencias negativas de los hombres y poner en
claro que y hasta qué punto Jesús es, en estas
situaciones, el Salvador. A partir de aquí ya no
resulta sorprendente que en algunos esquemas
cristológicos recientes se presente a Cristo
como auxiliador o como libertador, como el
hombre ejemplar o el hermano. Estos esquemas
están, por supuesto, muy lejos de expresar todo
lo que puede decirse de Jesucristo, tal como se
deduce ya del hecho mismo de que se hallan
vinculados a unas determinadas situaciones.
Pero siempre que se ponga en claro que Jesu-
cristo es más que un auxiliador o más que un li-
bertador cualquiera, por grande que se le su-
ponga, que es más que un hombre ejemplar o
que un hermano junto a otros, no es correcto
afirmar que tales esquemas son un recorte o un
vaciamiento del dogma cristológico. Debe re-
cordarse, además, algo que de suyo es eviden-
te: si Dios ha de ser Dios, es siempre mayor que
todo cuanto el hombre pueda pensar y decir12.
Según esto, la doctrina de la divinidad de Jesús
incluye que toda afirmación sobre él —ya se

12. Más información sobre este tema en el cap. 5 de este libro.

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JUDAÍSMO

1492-1497 Los judíos son expulsados de
la Península Ibérica.

1517

1522

1536-62

1545-63

CRISTIANISMO

Disputa de las indul-
gencias e inicio de la
Reforma de Lutero.
La Reforma en Zurich
por Zuinglio.
La Reforma en
Ginebra por Calvino.
Concilio de Trento.
Delimitación frente a
la Reforma y
autorreforma de la
Iglesia católica.

ISLAM

1453 Fin del Imperio
bizantino. Los
otomanos
conquistan
Constantinopla.

1492 Caída del reino de
Granada. Fin del
dominio islámico
en España.

JUDAÍSMO

1564 Joseph Caro publica el
Shulchan Arukh, codificación
de la legislación ritual judía
en vigor hasta nuestros días.

Fin del Inicio del movimiento de la
siglo XVIII Ilustración judía.

Siglo XIX Emancipación y (relativa)
equiparación de los judíos
en casi todos los Estados de
Europa Occidental y
Central; movimiento
reformista judío.

1917 Declaración de Balfour:
durante la primera guerra
mundial Inglaterra promete a
los creyentes judíos un «hogar
nacional» en Palestina.

CRISTIANISMO

1555 Paz de Augsburgo.

1869-70 Concilio Vaticano I.
Primado e infalibili-
dad del papa.

1875 Fundación de la
Federación Mundial
Reformada.

ISLAM

1798 Napoleón en Egipto.
Primeros contactos
con la ciencia
europea.

Segunda Debilitación del Im-
mitad del perio otomano; fun-
s. XIX dación de colonias y

protectorados en re-
giones islámicas (In-
dia, Egipto, Norte
de África).

1917 Declaración de
Balfour.

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1940-45

1948

JUDAÍSMO

Cerca de 6 millones de judíos
europeos son aniquilados en
masa por la Alemania nazi en
las regiones ocupadas.

Fundación del Estado de Israel.

1927

1947

1948

1961

1962-65

CRISTIANISMO

I Conferencia Mun-
dial «Faith and
Order» en Lausana.

Fundación de la
Federación Mundial
Luterana
Primera Asamblea
Plenaria del Consejo
Ecuménico de las Igle-
sias en Amsterdam.
Primera Conferencia
panortodoxa en
Rodas.
Concilio Vaticano II.
Renovación interna y
apertura ecuménica
de la Iglesia Católica.

ISLAM

Fuente: E. Brunner-Traut (dir.), Die funf grossen Weltreligionen, Herder Verlag, Friburgo de Br. 131985, págs. 87, 108, 131.

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