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Madrid 2013

Sistema para la Evaluación de la

Conducta Adaptativa

P. L. Harrison
T. Oakland

Adaptación española:

D. Montero Centeno
I. Fernández-Pinto

(Dpto. de I+D+i de TEA Ediciones)

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Copyright © 2000, 2003, 2008 by Western Psychological Services. Traducido e impreso con permiso de la editorial
original, Western Psychological Services, 12031 Wilshire Boulevard, Los Angeles, California, 90025, EE.UU. Todos
los derechos reservados. Copyright de la adaptación española © 2013 by TEA Ediciones, S.A.U., Madrid, España.

Copyright © 2000, 2003, 2008 by Western Psychological Services. Translated and reprinted by permission of the
publisher, Western Psychological Services, 12031 Wilshire Boulevard, Los Angeles, California, 90025, U.S.A. All rights
reserved. Copyright of the Spanish adaptation © 2013 by TEA Ediciones, S.A.U., Madrid, España.

Quedan rigurosamente prohibidas, sin la autorización escrita de los titulares del “Copyright”, bajo las sanciones
establecidas en las leyes, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos
la reprografía y el tratamiento informático, y la distribución de ejemplares de ella mediante alquiler o préstamo públicos.

I.S.B.N.: 978-84-15262-76-3.
Depósito Legal: M-28356 - 2013.

Edita: TEA Ediciones, S.A.U.; Fray Bernardino Sahagún, 24 - 28036 Madrid, España.
Impreso en España. Printed in Spain.

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Sistema para la Evaluación de la

Conducta Adaptativa

colectivos en los que más se han utilizado herramientas de este tipo, tanto aquí como en otros
países, han sido los formados por personas con discapacidad intelectual y con trastornos del
espectro autista (Kanne et al., 2011). En el caso del diagnóstico de la discapacidad intelectual,
la AAIDD exige desde 2002 la constatación de puntuaciones situadas a dos o más desviaciones
típicas por debajo de la media en una escala de conducta adaptativa adecuadamente tipificada
para determinar que se cumple el segundo criterio de la definición. Estas limitaciones tienen que
constatarse o bien en el índice global de conducta adaptativa de la herramienta o en los índices de
conducta adaptativa práctica, social o conceptual. La OMS, por su parte, no obliga a la evaluación
de la conducta adaptativa, aunque señala su carácter complementario y discrecional según sea
el criterio de quien diagnostica. La American Psychiatric Association, en su DSM-IV-TR, exige
la valoración de diez áreas de habilidad, las mismas que evalúa el ABAS-II. El DSM-5 también
requiere la evaluación de la conducta adaptativa, si bien esta versión de los criterios hace énfasis
en que las limitaciones en el funcionamiento adaptativo deben tener lugar en múltiples contextos
(el hogar, la escuela, el trabajo y la comunidad), siendo este uno de los aspectos clave de la
evaluación multifuente que permite el ABAS-II. En cuanto a los trastornos del espectro autista,
no debemos olvidar que sus dificultades en interacción social, a las que con frecuencia acompaña
una discapacidad intelectual, se pueden manifestar en déficits en los tres índices o dominios de la
conducta adaptativa mencionados.

 Emplazamiento dentro de un servicio, programa, aula, etc.

Este uso es una posible extensión del anterior. La ubicación de una persona dentro de un aula
de apoyo, una unidad residencial, una sala, etc., debiera hacerse siempre desde una perspectiva
inclusiva y de mejora de su calidad de vida y dentro de una planificación centrada en la persona.
En este complejo proceso de toma de decisiones consensuado con la persona evaluada, su familia
y otras personas significativas de su entorno, los resultados de una escala de conducta adaptativa
pueden proporcionar informaciones significativas, siempre subordinadas a lo anterior. En efecto, las
puntuaciones de una persona en una herramienta de estas características, junto con otra información
relevante, pueden ayudarnos a confeccionar un posible diagrama acerca de un importante conjunto
de intervenciones a realizar. Pueden permitirnos ubicar personas de un nivel parejo, permitiendo
optimizar los recursos disponibles, o crear grupos heterogéneos que se diseñan para que las
personas puedan complementarse entre sí, favoreciendo procesos de ayuda mutua entre iguales.
Las posibilidades son muchas, y esto son solo dos ejemplos.

Por último, hay que señalar que la literatura científica muestra abundantes ejemplos de
correlaciones altas entre las puntuaciones en conducta adaptativa y la pertenencia de una persona
a un tipo de servicio u otro. La puntuación Servicio del ICAP es un ejemplo operativo de esto. Se
trata de una puntuación combinada de conducta adaptativa y problemas de conducta que gradúa
las necesidades de atención, supervisión o cuidado de una persona en una escala del uno al nueve.
Los administradores, técnicos y profesionales a menudo la han utilizado como referencia a la hora
de distribuir los recursos en función de las necesidades. En el momento presente, los profesionales
disponen de otras alternativas, como es el caso de la Escala de Intensidad de Apoyos (SIS; Thompson
et al., 2007), un instrumento destinado a evaluar las necesidades de apoyo de una persona con
discapacidades. Analiza 49 tipos de actividades, proporcionando una información sistemática
agrupada en seis escalas: Vida en el hogar, Vida en la comunidad, Aprendizaje a lo largo de la vida,
Empleo, Salud y seguridad y Actividades sociales. Como puede observarse, muchas de estas áreas
convergen con las habilidades adaptativas que evalúa el ABAS-II. Por tanto, la SIS constituye un
complemento del ABAS-II que permite planificar los servicios y las ayudas que necesitan las personas
con déficits en su funcionamiento adaptativo.

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Prólogo a la adaptación española

 Elaboración de planes de intervención y apoyos, selección de servicios y seguimiento de los
logros alcanzados

Escalas tan amplias como el ABAS-II pueden ofrecer un retrato inicial muy válido para detectar
las fortalezas y debilidades que, consideradas a la luz de las preferencias, los intereses y otras
características del entorno de la persona, den lugar al establecimiento de objetivos de intervención
de gran relieve. De hecho, en el caso concreto de la discapacidad intelectual, la AAIDD en las
últimas definiciones, desde la de 1992 hasta la actual, le da gran peso a la evaluación de la conducta
adaptativa, junto a otras importantes dimensiones, como paso previo para determinar cuáles son
los apoyos que la persona precisa y con qué intensidad. Si bien, la utilización de herramientas de
tipo criterial puede proporcionar más información que los instrumentos normativos para componer
programas individualizados de habilidades específicas, la longitud del primer tipo de instrumentos
suele al menos triplicar la de los últimos, lo cual dificulta su utilización. A lo largo de las páginas de
este manual podrán encontrarse abundantes ejemplos de estos usos de una herramienta normativa
como el ABAS-II.

 Evaluación de sistemas de apoyos, servicios o redes de servicios

Evaluar centros, servicios o redes de servicios no es una tarea fácil, ya que entran en juego un
gran número de variables de todo tipo: legales, organizativas, sindicales, de capacitación, de estilos
de liderazgo, de participación del entorno, etc. En este contexto, y pensando sobre todo en personas
con discapacidad intelectual y, en algunos casos, en personas con trastornos del espectro autista,
la medición de la conducta adaptativa ofrece una tecnología válida, junto a otros instrumentos
destinados a la valoración de apoyos, para realizar evaluaciones del progreso de la persona en su
capacidad de adaptarse a los requerimientos de lo cotidiano, una variable que sin duda es clave
para determinar el grado en el que muchos de esos servicios están cumpliendo con su misión
(Dessemontet et al., 2012; Claes et al., 2009).

 Comunicación con la persona evaluada o con su familia y entre profesionales

El carácter descriptivo y observable del contenido del constructo de conducta adaptativa
lo hace particularmente significativo y poco estigmatizador a la hora de propiciar procesos de
comunicación entre todas las personas implicadas en un proceso de evaluación (el evaluado, los
profesionales, los familiares, etc.). El uso creativo por parte de todos de una herramienta como el
ABAS-II puede incrementar la calidad no solo del diagnóstico y su comunicación, sino la puesta
en marcha de procesos de intervención compartidos por diversos agentes y la realización de
seguimientos periódicos para evaluar lo alcanzado en un determinado período de tiempo.

el Sistema para la evaluación de la conducta Adaptativa-Segunda edición

El ABAS-II es aplicable desde el nacimiento hasta los 89 años. Su objetivo es proporcionar
una evaluación completa de las habilidades funcionales diarias de una persona en distintas áreas y
contextos. Las áreas que evalúa son: Comunicación, Social, Utilización de los recursos comunitarios,
Habilidades académicas funcionales, Vida en el hogar o Vida en la escuela, Salud y seguridad,
Ocio, Autocuidado, Autodirección, Empleo y Motora. Esta última únicamente se incluye en los
ejemplares Infantil-Padres e Infantil-Profesores, destinados a los niños pequeños (de 0 a 5 años y de
2 a 5 años, respectivamente). Estas escalas pueden ayudar a cuantificar las diez áreas de habilidad
adaptativa que exige el DSM-IV-TR para un diagnóstico de retraso mental. Esta información resulta

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Sistema para la Evaluación de la

Conducta Adaptativa

5.4.1. Pautas para la interpretación de las puntuaciones

Existen diversos métodos para ayudar a los profesionales a analizar e interpretar los
resultados de un test. Por ejemplo, en las medidas multifactoriales de la inteligencia, las
puntuaciones CI pueden utilizarse como el primer nivel de interpretación, seguidas de una revisión
de los índices, de la variabilidad de las pruebas dentro de cada factor, la variabilidad entre las
pruebas y un análisis cualitativo (Sattler, 2001; The Psychological Corporation, 1994). Muchos
profesionales están familiarizados con este método y lo utilizan de manera rutinaria. Otros
tienen conocimiento de otros métodos o han desarrollado los suyos propios para poder analizar
e interpretar de manera eficaz los resultados en un test. La figura 5.2 resume el método que se
describe en detalle a lo largo del capítulo para analizar e interpretar los resultados. Cuando se
interpretan las puntuaciones en el ABAS-II, considere siempre importantes y preponderantes las
exigencias del entorno.

principal fuente de información. Se primará su interpretación siempre que:
• No haya discrepancias significativas e infrecuentes entre ningún par de dominios.
• Ninguna de las áreas que lo compongan represente un punto fuerte o débil.

Se hará énfasis en la interpretación de cada dominio cuando:
• Haya entre algún par de dominios.
• Ninguna de las áreas que lo componen represente un punto fuerte o débil.

Se restará énfasis a la interpretación de cada área a menos que constituya un
en el perfil.

CAG

Dominios

Áreas

Figura 5.2. Guía para la interpretación de las puntuaciones en el ABAS-II

En los siguientes apartados se describen en detalle las pautas de interpretación anteriores,
comenzando por el nivel de análisis más general, el índice CAG, hasta llegar al nivel más específico,
las áreas de habilidad. A su vez, en cada uno de estos niveles de análisis se indican dos enfoques de
interpretación complementarios: la comparación de las puntuaciones de un mismo evaluado entre
sí, con el fin de detectar discrepancias importantes entre ellas, y la comparación normativa de los
resultados, que permite situar al evaluado con respecto a su grupo de referencia.

Téngase en cuenta que, aunque se hace referencia a los conceptos estadísticos que subyacen
a los distintos cálculos con el fin permitir una adecuada interpretación de los resultados, los
procedimientos que se explican se realizan de manera automática por el software de corrección por
Internet, ahorrando una considerable cantidad de tiempo y errores al profesional.

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