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TitleForster, Ricardo y Jmelnizky, Adrian (Comp.) - Dialogando Con La Filosofia Politica. de La Antigüedad a La Modernidad 1
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Regresar a los aurores clásicos es un mojo genuino e
indispensable Je recorrer los basamentos J e nuestra
cultura; visitar los textos fundacionales Je riatón, Je
Maquiavelo, Je Tilomas Hobbes, Je Marx, entre otros,
nos permite pensarnos a nosotros mismos, comprender
que las ideas tienen una historia y que su despliegue en
el tiempo nos exige una indagación que se dirija a la
comprensión Je sus originalidades y de las mutaciones
que las diversas interpretaciones generaron en la recepción
Je esas obras y J e esos pensadores. Frente a las protundas
perturbaciones de la sociedad contemporánea, creemos
que los clásicos nos pueden ayudar a pensar mejor esos
cambios; nos permiten recorrer hacia atrás los hilos que
articularon nuestra propia realidad social, política y
cultural. Diah tpandi i a >n la tih >soiía/x >1 frica: de la Antigüedad
a la M odernidad recoge la experiencia de la enseñanta
universitaria, surge de la convicción Je que no es posible
intentar comprender el presente sin establecer un diálogo
fecundo e indispensable con la gran tradición de la
filosofía política.

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el mandato por el cual le fue conferida la autoridad, su
poder es absoluto.

El Poder Soberano es a b s o lu to e i lim itad o , ya que
el soberano es juez de lo que es necesario para la paz y
defensa de sus súbditos. “La grandeza de este poder
reside precisamente en el hecho de que quien lo osten­
ta puede ejercitarlo sin límites externos; así, este poder
es absoluto.”29 En correspondencia, la obediencia de los
súbditos también debe ser absoluta, ya que “sin obe­
diencia, el derecho del soberano sería vano y conseJ
cu e n te m e n te el E stado no estaría p len am en te
constituido”.30 La falta de obediencia de los súbditos hacia
el poder soberano, quebraría la propia lógica de orden
y unidad por la cual fue establecido el pacto. En efecto,
“puede percibirse cuál será el género de vida cuando
no exista un poder común que temer, pues el régimen
de vida de los hombres que antes vivían bajo un gobier­
no pacífico, suele degenerar en una guerra civil.”31

Siguiendo la lógica hobbesiana, como la figura del Le-
viatán y el soberano son una misma cosa, la libertad de los
súbditos quedará limitada a la causa originaria de la propia
Constitución del Estado. De manera tal que, “si el sobera­
no ordenare a un hombre (aunque justamente condena­
do) que se mate, hiera o mutile a sí mismo, o que no
resista a quienes le ataquen, o que se abstenga del uso de
alimentos, del aire, de la medicina o de cualquier otra cosa,
sin la cual no puede vivir, ese hombre tiene libertad para
desobedecer."32 Este punto resulta por demás interesante:

29- Bobbio, Norberto: op. cit., p. 55.
30. Hobbes, Thomas: Tratado sobre e l ciudadano, Trotta, Ma­
drid, 1999, VI, 13, p. 165.
31. Hobbes, Thomas: Leviatán, op. cit. p. 104.
32. Ibidem , p. 222.

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el Poder Soberano es la “conciencia pública” y por tal, la
manifestación de su voluntad política lleva el peso del
poder coercitivo que obliga a los súbditos a su cumpli­
miento, la ley. Sin embargo, el soberano debe ser un go­
bernante virtuoso, es decir, prudente y moderado; que
gobierne con la sabiduría de aquello que es justo en rela­
ción a la necesidad de sus súbditos.

La libertad es un tema peculiar en la teoría filosófica
de Hobbes, al cual nos hemos dedicado al inicio del pre­
sente texto; por lo mismo, se desprende que el ejercicio
de la facultad de p e r s e v e r a r en e l ser, es decir, de conser­
var la vida es inalienable. ¿Qué sentido tendría el Le-
v ia tán si los hombres siguieran matándose unos a
otros ya sean súbditos o soberanos? Está claro que
ninguno. Ahora bien, esto no implica de ninguna
manera que la desobediencia sea contemplada den­
tro del L ev ia tán com o derecho de resistencia. ¿Por
qué? Porque en la significación hobbesiana del Esta­
do, sería ilógico suponer que el soberano otorga a
los súbditos el derecho de actuar en su contra, de
atentar contra la paz y de matarse unos a otros. Por
tanto, estaríamos hablando de una guerra civil, es
decir, la destrucción del L ev ia tán entendido com o
“unidad política". Por todo lo explicitado, el derecho de
resistencia resulta ilegítimo en esta teoría; en síntesis, no
hay tal derecho. En cuanto a las demás libertades de los
súbditos, Hobbes aclara que dependen del silencio de la
ley dictada por el soberano y de aquello que la multitud
no haya autorizado en la constitución del pacto.

El carácter ilimitado del poder soberano se deriva no
sólo de su carácter absoluto, sino también, de la noción de
que las leyes civiles no son una limitación para el sobera­
no. Porque tales leyes son hechas por él mismo, y ningu­
no puede limitarse a sí mismo. En conclusión, el sobera­
no no puede ser limitado por las leyes civiles que él mis­
mo -y a sea una persona o una asam blea- haya dictado.

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Susana Villavicencio

Consideraciones finales

Las previsiones de Weber acerca de las transformacio­
nes de las prácticas políticas se corroboran en gran medi­
da en la actual situación social y cultural. Burocratización
de los partidos y dom inio tecnocrático en los niveles de
g ob iern o , son la contracara de una sociedad civil
despolitizada o desencantada de la política. Un indivi­
dualism o creciente se difunde a la vez que nuevas prác­
ticas económ icas cam bian el escenario social. Pero el
nuevo individualismo tiene bajo perfil. Lejos de la figura
del individuo agónico que busca manifestar su singulari­
dad en lo público, el individuo de la sociedad moderna
en el fin de siglo, busca su sí mismo en la esfera privada,
y com o bien refiere Lyotard, “sabe qu e ese sí m ism o es
p oco”. Es un individualismo del “déjem e sólo” que esta­
b lece una correlación entre apatía pública y escasez pri­
vada. Esta configuración deja planteados problem as sin
salidas optimistas para el futuro de la dem ocracia.

La adhesión de Max W eber al liberalism o y su
confianza en sus valores, lo llevaron a confiar en el po­
lítico com o aquél que podía operar una apertura en ese
contexto de oclusión de la dominación burocrática. Pero
la política hoy muestra un liderazgo también cam biado,
prom ovido, más bien, por la influencia lograda por los
m edios de com unicación que por las batallas ganadas
en el debate parlam entario. Un liderazgo, por otra par­
te, no suficientem ente autónom o, de los grupos de po­
der económ ico . La tendencia a la m ercadización de la
política, muestra la inversión desde las bases dem ocráti­
cas hacia el dom inio de las élites de poder y de la oferta
electoral. En este contexto, brevem ente esbozado, pero
qu e constituye el punto de reflexión actual en la teoría
política, la democracia plebiscitaria del líder, corre el riesgo
de asemejarse a populismos funcionales con los programas

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de transform ación socioeconóm icas difundidos en Lati­
noamérica.

Frente a esa tendencia, cab e más la apuesta a la
dem ocratización de las asociaciones civiles a través de
la participación y el aprendizaje de la vida política que
de allí se derive.7

7. En esta línea de reflexión nos basamos en varios autores
nacionales y latinoamericanos, J. Nun: “Política, representa­
ción y populismo”, en Sociedad N° 5, 1994; N. Lechner: “La
política, ¿puede y debe representar lo social?”, en M. Dos
Santos (comp.Y. ¿Qué queda d e la representación política?,
Clacso, 1994; J. E. Vega: “Ideal democrático y democracia real
en América latina”, en Ibid.

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