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Pretítulo
Colección
Título
Derechos de autor
Sumario
Introducción
¿POR QUÉ FILOSOFAR?
¿Por qué desear?
Filosofía y origen
Sobre la palabra filosófica
Sobre filosofía y acción
Contratapa
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Jean-Francois Lyotard
¿Por qué filosofar?
Cuatro conferencias
Introducción de Jacobo Muñoz

Paidós/I.C.E. - U.A.B.

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en el deseo, sin estar, no obstante, «en carne y
hueso», y el supuesto sujeto como algo indefinido,
inacabada, que tiene necesidad del otro para deter-
minarse, complementarse, que está determinado
por el otro, por la ausencia. Así, pues, por ambas
partes existe la misma estructura contradictoria,
pero simétrica: en el «sujeto», la ausencia del de-
seo (su carencia) en el centro de su propia presen-
cia, del no-ser en el ser que desea; y en el «objeto»
una presencia, la presencia del que desea (el
recuerdo, la esperanza) sobre un fondo de ausen-
cia, porque el objeto está allí como deseado, por
lo tanto como poseído.

2. De ahí se desprende nuestro segundo tema.
Lo esencial del deseo estriba en esta estructura
que combina la presencia y la ausencia. La combi-
nación no es accidental: existe el deseo en la me-
dida que lo presente está ausente a sí mismo, o lo
ausente presente. De hecho el deseo está provo-
cado, establecido por la ausencia de la presencia,
o a la inversa; algo que está ahí no está y quiere
estar, quiere coincidir consigo mismo, realizarse,
y el deseo no es más que esta fuerza que mantiene
juntas, sin confundirlas, la presencia y la ausencia.

Sócrates cuenta en el Banquete que Diotima,
una sacerdotisa de Mantinea, le describió así el
nacimiento del amor, Eros: «Cuando nació Afro-
dita, los dioses celebraron un banquete y, entre
otros, estaba también Poros, el hijo de Metis. Des-
pués que terminaron de comer, vino a mendigar
Penía, como era de esperar en una ocasión festiva,
y estaba cerca de la puerta. Mientras, Poros, em-

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¿POR QUÉ DESEAR? 83

briagado de néctar —pues aún no existía el vino—,
entró en el jardín de Zeus y, entorpecido por la
embriaguez, se durmió. Entonces Penía, impulsada
por su carencia de recursos, planea hacerse hacer
un hijo por Poros. Se acuesta a su lado y fue así
como concibió a Eros. Por esta razón, precisa-
mente, es Eros también acompañante y escudero
de Afrodita, al ser engendrado en la fiesta del naci-
miento de la diosa y al ser, a la vez, por naturaleza,
un amante de lo bello, dado que también Afrodita
es bella.*

La condición, el destino de Eros procede, evi-
dentemente, a decir de Diotima, de su herencia:
«Siendo, pues, hijo de Poros y Penía, Eros se ha
quedado con las siguientes características. En pri-
mer lugar, es siempre pobre, y lejos de ser deli-
cado y bello, como cree la mayoría, es, más bien,
duro y seco, descalzo y sin casa, duerme siempre
al raso y descubierto, se acuesta a la intemperie
en las puertas y al borde de los caminos, compa-
ñero inseparable de la indigencia por tener la natu-
raleza de su madre. Pero, por otra parte, de acuer-
do con la naturaleza de su padre, está al acecho
de lo bello y de lo bueno; es valiente, audaz y ac-
tivo, hábil cazador, siempre urdiendo alguna tra-
ma, ávido de sabiduría y rico en recursos, un
amante del conocimiento a lo largo de toda su
vida, un formidable mago, hechicero y un sofista.
No es por naturaleza ni inmortal ni mortal, sino
que en el mismo día unas veces florece y vive,

* Platón, Diálogos, III. Madrid, Editorial Gredos, 1986,
págs. 248-249.

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y el hacer, entre lo dicho y el decir; y finalmente
porque no podemos evitar esto: atestiguar la pre-
sencia de la falta con la palabra.

En verdad, ¿cómo no filosofar?

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[ean-Franco i s Lyotard
¿Por qué filosofar?

cPor qué filosofar? está constituido por cuatro conferencias
dadas a los estudiantes de propedéutica en la Sorbona por
Jean-Fran^ois Lyotard. En ellas el conocido filósofo francés,
que tanta notoriedad pública ha alcanzado últimamente por su
teorización de las actitudes posmodernas, propone una
introducción desde dentro al filosofar. Esta introducción, que
escoge la vía privilegiada de la autoconciencia misma del
filosofar —o de la metafilosofía, si se prefiere— como marco
idóneo para su ejercicio y despliegue, aborda ya la mayor
parte de los futuros temas de Lyotard. Desde el deseo hasta
el lenguaje y su primariedad, tales temas aparecen insertos en
el marco más general de una "filosofía de la sospecha",
fuertemente crítica de las ideologías dominantes y
demoledora con las seudorracionalizaciones al uso, rasgos
ambos que justifican suficientemente la condición de
"pensador incómodo" que se le suele atribuir. El resultado
final es un texto representativo tanto de la problemática como
del estilo filosófico de este autor. Un texto, en suma, en el
que se consigue tratar de una manera renovadora el tema más
antiguo del discurso filosófico —su propia naturaleza—.
La introducción ha corrido a cargo de Jacobo Muñoz,
catedrático de Historia de la Filosofía de la Universidad
Complutense de Madrid.

www.paidos.com

ISBN 6 4 - 7 5 0 1 - 5 3 2 - 1

http://www.paidos.com

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