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Page 2

Julius Evola

i.'6ro

LA RAZA DEL ESPIRITU

Ediciones Heracles

Page 109

VII. EL ELEMENTO “DEMÓNICO” EN LA ANTIRAZA

En relación con esto, y para agotar el tema, es oportuno considerar lo
que sigue ahora. Como agregado a la objeción precedente se podría llamar
la atención por el hecho de que en la realidad los tipos ya no se encuen­
tran tan diferenciados como para poder fundar el antes mencionado principio
de la fidelidad a sí mismos; en segundo lugar, la doctrina aludida pare­
ce no dar ninguna explicación del hecho de que existen tipos desgarra­
dos y afectados por graves contrastes, de tal modo que no todos están de
acuerdo a “su propio tipo” y no todos se sienten siempre “en su casa propia”.

En base al principio general de que todo lo que aparece es reflejo
analógico de una realidad existente en otra parte, para explicar tales casos
se debe pensar en todo lo que puede el antes mencionado arbitrio del
individuo sin raíces, así como en la acción de especiales condiciones históricas
y sociales colectivas; pero sobre todo se deben suponer, para tales casos,
situaciones pre-natales correspondientes. En la fuerza central que ha llevado
a una determinada manifestación humana, pueden haber influido también
fuerzas menores y divergentes que, a pesar de ello, justamente en tanto
que más débiles, han sido, por decirlo así, arrastradas y conducidas a crearse
expresiones correspondientes en elementos de una herencia horizontal -
biológico-histórica- desfavorable y discordante.

Los casos en los cuales la “raza del alma” y la “vocación interior” no
se corresponden con la raza del cuerpo, así como también aquellos de ciertos
estados de desgarramiento romántico, en última instancia, desde el punto
de vista metafísico, deben ser explicados de tal manera. Támbién la psicología
moderna sabe acerca de las llamadas “personalidades segundas”. Y cuanto
más las fuerzas menores se encuentran en divergencia respecto de la dirección
central, tanto más tendremos, como efecto, a hombres en los cuales lo físico
no concuerda con el alma, en los cuales el espíritu está en contraste con
el cuerpo y con el alma, en los cuales la vocación no está en correspon­
dencia con la raza o con la casta, la “personalidad” está en disidencia con
la tradición y así sucesivamente.

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En tales casos, la ética “clásica”, informada por la antigua norma nórdico-
aria de vida, manifiesta en modo aun más nítido su aspecto activo y creativo,
puesto que exige que los diferentes elementos divergentes de estas na­
turalezas vayan a obedecer a una única y férrea ley, en base a una deci­
sión interior, que no puede venir a menos ante un caso crítico; y, como
veremos, justamente una tal decisión es lo que el racismo activista debe
provocar en el mayor número de los individuos de una nación como base
para todo lo demás. Exaltar, en vez, el alma romántica, trágica, inquie­
ta, siempre en búsqueda de nuevas “verdades”, es esencialmente una cosa
propia de una civilización enferma y minada en su raza. Calma, estilo,
claridad, dominio, disciplina, potencia y espíritu olímpico son en vez los
puntos de referencia para cualquier formación del carácter y de la vida
en sentido nórdico-ario.

Pero si también en el mundo de las causas y de los significados me­
tafísicos se debe suponer la existencia de naturalezas y de vocaciones que
presentan un diferente grado de unidad, se debe también pensar que no
todas las civilizaciones y no todas las épocas ofrezcan las mismas posi­
bilidades de encamación y de expresión a cada una de las fuerzas que tienden
hacia una forma terrestre de existencia. Se ha dicho que en todo nacimiento
interfieren dos diferentes herencias. El terreno e histórico recoge, en una
especie de nudo, ciertos elementos biológicos, antropológicos y en parte
también psicológicos, una tradición, eventualmente también una casta, un
determinado punto en el tiempo, un lugar en el espacio, etc. Ahora bien,
hay civilizaciones en las cuales todo ello “se encuentra en orden”, es decir,
en las cuales la vida se desarrolla al máximo dentro de una gran unidad
y organicidad de todos estos elementos de la herencia “horizontal”. Otras
civilizaciones están en vez caracterizadas por el individualismo, por la
anarquía, por la destmcción de todo límite y de toda diferencia que provenga
de la raza, de la sangre, de la casta, de la tradición, de la nacionalidad. Con
respecto a lo que se ha dicho acerca de la ley de las “afinidades electivas”
y de las correspondencias analógicas, que actúan en el nacimiento, evi­
dentemente las civilizaciones del primer tipo son aquellas que, por ofrecer
situaciones y posibilidades de expresión adecuadas, atraerán a naturalezas
unitarias y a fuerzas puras y decididas. Las civilizaciones del segundo tipo,
las caóticas, por la misma razón se convertirán en vez, por decirlo así, en
el “lugar geométrico”, o lugar de reunión sobre la tierra, de todo tipo de
“histérico trascendental”.

Esta expresión, por lo demás curiosa, es la menos alarmante que se pueda
usar para dar el sentido de la cosa. En efecto, sobre el plano metafísico,

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XI. Los tres modos de aparecerse de la raza. La raza superior
en el hombre nórdico y en el mediterráneo..................................73

XII. La raza interna y la herencia. Profilaxis de la herencia
deficiente.......................................................................................... 77

XIII. Los sexos y la raza............................................................................83
XIV. La raza masculina y la raza fem enina........................................... 87

P a rte T e r c e r a : L a r a za d e l a l m a y d e l espíritu

I. Racismo de segundo grado. La raza del a lm a ................................... 93
II. Origen de las razas del a lm a ............................................................... 96
III. ¿Pueden nacer razas nuevas?............................................................. 99
IV. La raza del alma y el “mito”. Límites del “mito” ..........................102
V. El misterio del nacimiento. La herencia histórica y

la herencia desde lo a lto ............................................................ 105
VI. La raza, la ética clásica y la ética rom ántica.............................. 109
VIL El elemento “demónico” en la antiraza........................................ 112
VIII. La doctrina de la raza de tercer grado. Valor del símbolo.

La raza eterna.............................................................................. 115
IX. Las razas del espíritu. La raza solar. La raza dem étrica 119
X. La raza telúrica y la raza dionisíaca.............................................. 122
XI. La raza amazónica, la raza afrodítica, la raza “heroica” 126
XII. Las razas del espíritu en el mediterráneo arcaico

y el judaism o............................................................................... 130

P a r t e C u a r t a : La r a z a a r i a y e l p r o b le m a e s p i r i t u a l

I. Qué quería decir “ario” ..................................................................... 135
II. El elemento solar y heroico de la antigua raza a r ia ...................... 139
III. Ex Occidente Lux. El problema religioso.................................... 143
IV. El equívoco del nuevo paganismo racista.................................... 147
V. Otras confusiones “paganas” acerca de la concepción

del mundo....................................................................................... 152
VI. Cristianismo, raza. Espíritu de los orígenes................................ 156
VIL La raza y la m uerte............................... 161

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VIII. El derecho y la raza. El concepto anticolectivista
de la comunidad nacional-racial.............................................. 164

P a rte Q u in ta ; La ra za y el pr o b l em a d e la n ueva “ e l it e ”

I. La “raza italiana”. Sentido de su arianidad.................................... 171
II. La selección interracial en los pueblos m editerráneos............... 175
III. Rectificación del hombre mediterráneo....................................... 179
IV. Otros elementos de estilo de vida para el

alma mediterránea....................................................................... 182
V. Rectificación de las relaciones mediterráneas

entre los sexos............................................................................. 185
VI. La Italia nueva. La raza y la guerra.............................................. 189
VIL Condiciones para el redespertar de la raza................................. 192
VIII. La raza o el hombre fascista. Acerca del nuevo

frente ario-occidental................................................................. 195

A pé n d ic e s

Apéndice I:
La superación del racism o..........................................................201

Apéndice II;
Relación sobre los fundamentos de la doctrina fascista

de la raza de Julius E v o la ..................................................... 213

Apéndice III;
Opinión de Benito Mussolini sobre esta o b ra ..........................217

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