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TitleKOZAK - marguerite duras, el cuerpo técnico del dolor
TagsNovels Pain Atomic Bombings Of Hiroshima And Nagasaki
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horror atemperado por disociación y abstracción científico técnica que disuade,
atempera o anestesia, ocultando así la misma matriz de dominio de toda
producción administrada de dolor. El horror técnico no tiene memoria; tampoco
tiene cuerpo. Hiroshima vista desde la lejana imagen del hongo atómico como
novedad tecnológica repugnante pero novedad al fin, desde el asombro cautivado
ante el poder de la ciencia y la tecnología. Dice Bataille:

Es justo decir que entre los estándares habituales de la mente y la bomba
existe una desproporción tal que deja la imaginación ante el vacío. Por otra
parte, la lejanía del lugar donde la bomba cayó no es sólo geográfica. Uno
no puede negar que los lazos espirituales entre el mundo japonés y el
nuestro son débiles. Por lo tanto las bombas que cayeron sobre Hiroshima
y Nagasaki se ofrecen más a la reflexión que al sentimiento. Hay que
admitir que, de haber caído sobre Bordeaux o Bremen (suponiendo tales
ciudades intactas y no aún evacauadas), las bombas no habrían tenido
para nosotros el sentido de experimentos cuasi-científicos, cuya
magnitud sobrecoge la imaginación pero cuyo efecto trágico permanece
externo a la representación sensorial aunque innegable.
(1991, traducción de la versión inglesa y subrayado nuestro)

Metodología científica, probadamente eficaz, del horror concentracionario: una y
otra vez Marguerite Duras hablará de la corporación de mujeres estranguladoras
de niños judíos en los campos, “existían del mismo modo que la corporación de la
enseñanza o de la medicina” (Los ojos verdes, p. 121). “Ese nuevo rostro de la
muerte organizada, racionalizada, descubierto en Alemania, provoca desconcierto
antes que indignación. Nos quedamos atónitos.” (El dolor, p. 53). Atónitos, sí,
paralizados.
El siglo XX es la experiencia del horror técnico. Aun la experiencia colonial de
comienzos del siglo, se lee para Duras luego de la segunda guerra mundial desde
la mirada atravesada de horror técnico porque éste es capaz de subsumir a los
otros -el concentracionario, el colonial- bajo el manto de lo que oculta, aleja, hace
soportable, vela los cuerpos 3. Las colonias, en efecto, se leen desde los campos de
concentración:

Los judíos, este sufrimiento, del que ya todos han oído hablar, empezaría
seguramente, a mi parecer, con la infancia en Asia, los lazaretos fuera de
los pueblos, la epidemia de la peste, del cólera, de la miseria; las calles
condenadas de los apestados son los primeros campos de concentración
que yo veo. Entonces, se acusaba a Dios.

(Los ojos verdes, p. 122)

La distancia infinita -máxima disociación- que existe entre el avión que arroja las
bombas sobre Hiroshima y Nagasaki y el futuro de los cuerpos calcinados,
retorcidos es la distancia propia de aquello que se presenta como inaccesible e

3 El mayor logro técnico de la dictadura militar argentina entre 1976 y 1983 fue el ocultamiento de
los cuerpos; las filmaciones nazis acerca de los campos habían decantado ya su particular
“enseñanza”: nunca más se debían mostrar los cuerpos desaparecidos.

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