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Francisco J. Fernández Conde

La España de los
siglos XIII al XV

Transformaciones del
feudalismo tardío

NEREA

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FRANCISCO JAVIER FERNANDEZ CONDE

La España de los siglos x i i i al xv
Transformaciones del feudalismo tardío

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TRANSFORMACIONES SOCIOECONOM ICAS 103

nio de los principales estrechos de la zona, y la conocida como «ruta afri­
cana», en la que los negociantes catalanes colocaban las especias y ofre­
cían protección militar, en perfecta connivencia con los titulares de la
Corona a cambio de oro y esclavos: el famoso comercio prohibido desde fina­
les del xm y del que tan buena partida de beneficios obtenía la propia
Monarquía.

Ya a finales de esta centuria los mercaderes comienzan a gozar de un
estatuto jurídico propio que evolucionará hasta plasmarse institucional­
m ente en consulados, prim ero en Valencia, después en Mallorca y más
tarde en Barcelona. El Consulado del Mar de esta capital m editerránea
fue constituido por Pedro el Ceremonioso (1347). Y en aquella década se
lleva a cabo tam bién la compilación y prim era redacción del Llibre del
Consolat de Mar, verdadero código de derecho m arítimo ampliado un si­
glo más tarde por Juan II y llamado a tener m ucha fortuna tanto en el
ámbito político del Principado y de la Corona aragonesa como fuera.

El Gran Comercio Catalán, que había logrado sortear los años más
duros de la crisis, hace quiebra a mediados del siglo XV por la convergen­
cia de varios factores negativos. Además de los gravísimos problemas fi­
nancieros y hacendísticos del Principado, operaron tam bién negativa­
m ente las rivalidades de Barcelona con los genoveses, que triunfaban en
el M editerráneo gracias a la alianza con Castilla; y la expulsión de los ma­
llorquines y catalanes de las rutas comerciales atlántico-africanas, domi­
nadas ya en el siglo xv por castellanos y portugueses. Por otra parte, la
política agresiva y expansionista de Alfonso el M agnánimo (1416-1458)
podía favorecer, en principio, a los mercaderes y transportistas catalanes,
pero los altísimos costos de aquel imperialismo incidieron, a la larga, de
m anera contraria en la necesaria estabilidad y equilibrio que exige siem­
pre una política comercial de altos vuelos.

A lo largo del siglo xv, Barcelona, la capital del gran imperio comer­
cial aragonés, construido, al m enos en su fase de consolidación, sobre
principios y soportes feudales, dejará ya el relevo en la federación arago­
nesa a Valencia, consum ándose ese fenóm eno que ha venido denom i­
nándose como «declive catalán». Sólo a finales del xv parece iniciarse tí­
m idam ente la «recuperación» de la capital m editerránea a juzgar por los
valores demográficos y económicos que comienzan a percibirse.

Suele presentarse el siglo xv como la época de despegue y floreci­
m iento valenciano. La capital de este reino, incorporado tardíam ente a la
Corona aragonesa, llega a convertirse ahora en el núcleo más próspero y
activo de la misma, desplazando a la misma ciudad de Barcelona. Sin em­
bargo, en la actualidad las afirmaciones generalizadoras son ya m ucho
más matizadas. Es cierto que la prim era ciudad del antiguo reino valen­

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ciano experim enta entonces un extraordinario desarrollo demográfico,
económico y administrativo, que se plasma tam bién en la fisonomía urba­
nística: «la ciudad realiza una serie de obras, tales como la culminación
de la torre del Micalet en 1418; el ensanche de la catedral entre los años
1441-1480; la construcción de las torres de Q uart, en tre 1441-1460; la
construcción de la nueva Lonja en 1482, el mismo año en el que se co­
mienzan las obras del Palau de la Generalitat; en 1498 Pere Compte em­
pieza la construcción del edificio que albergaría la Universidad de Valen­
cia; obras todas que testimonian la riqueza existente» (Ferrer, 194). Pero
no lo es menos que dicha centuria está m arcada por tendencias de signo
regresivo, tanto en el campo como en otras ciudades menos importantes,
sin que pueda considerarse como un despropósito el afirmar que el des­
arrollo de la capital del Turia se produjo a expensas o en contradicción
con otros núcleos urbanos y territorios más o m enos cercanos a la misma.

La evolución de la sociedad urbana balear, de Palma de Mallorca es­
pecialmente, presenta m uchos aspectos parecidos a la problem ática so­
cioeconómica de Cataluña, un espacio político con el que estuvo siempre
muy vinculada.

Problemas monetarios

Los problem as m onetarios tuvieron notable im portancia en este com­
plejo panoram a de crisis y recuperaciones, cuyos procesos se articulaban
siguiendo ritmos no sincrónicos en los distintos reinos cristianos. Creci­
m iento económico y desarrollo comercial exigían im periosam ente masas
im portantes de num erario que alimentaran y anim aran los diversos cir­
cuitos económicos. Las devaluaciones de m oneda, la baja calidad de mu­
chas acuñaciones, el difícil equilibrio entre las m onedas buenas y las de
escaso valor, las inestabilidades monetarias en definitiva, fueron dificulta­
des acuciantes que habían comenzado ya en la época anterior —recuér­
dense los reajustes intentados por Alfonso X para Castilla— y que lleva­
ban aparejados, como correlatos inevitables, la inflación y los desajustes
entre salarios y precios de los productos de consumo básico o considera­
dos, simplemente, como suntuarios.

La Corona castellana, que a lo largo de la última etapa altomedieval
tenía la posibilidad de disponer, con cierta facilidad, de abundantes de­
pósitos de metales monedables, especialmente del oro africano que lle­
gaba a los puertos meridionales o a través de Granada, cuyas autoridades
se com prom eten a pagar cada año un fuerte tributo desde el prim er ter­
cio del siglo xv, parece que podría superar sin mayor dificultad estos pro­

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