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TitleMentiras de La Historia_. de Us - Cesar Vidal
TagsJesus Roman Empire Spain Crucifixion Of Jesus Josephus
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Table of Contents
                            Mentiras de la historia... de uso común
	Introducción
	Mentira I Jesús no es mencionado fuera de las fuentes cristianas
	Mentira II Arturo fue rey
	Mentira III Abd Ar-Rahmán III fue un califa ilustrado
	Mentira IV Los cordobeses y los sevillanos descienden de los árabes
	Mentira V Enrique VIII fue protestante
	Mentira VI Nostradamus acertó en sus predicciones del futuro
	Mentira VII Cataluña es una nación
	Mentira VIII La lengua valenciana es el catalán
	Mentira IX Los vascos no son españoles
	Mentira X Hitler fue el primero en utilizar el gas para exterminar a civiles
	Mentira XI Los republicanos españoles eran demócratas
	Mentira XII La Segunda República fue proclamada democráticamente
	Mentira XIII El Frente Popular ganó las elecciones de febrero de 1936
	Mentira XIV Los intelectuales apoyaron a la izquierda durante la guerra civil española
	Mentira XV Carrillo no fue responsable de las matanzas de Paracuellos
	Mentira XVI Franco ganó la guerra gracias a la ayuda extranjera
	Mentira XVII McCarthy cayó por su paranoia anticomunista
	Mentira XVIII Allende fue un demócrata
	Mentira XIX Ariel Sharon provovó la segunda intifada
	Mentira XX El ejército israelí mató a Mohammed al-Dura
Autor
	Notas
                        
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material enemigo y es que, en medida no escasa, el Ejército nacional pudo
abastecerse gracias a ello. La interceptación de envíos como los del Sylvia, el
Eugenia Cambanis, el Virginia S y el Ellinico Vouono permitió a los nacionales
surtirse de material indispensable que iba destinado al Frente Popular. Súmese,
además, el perdido en los diferentes enfrentamientos por el Ejército popular de la
República. De hecho, no deja de ser significativo que, hacia el final del conflicto,
entre un 25 y un 30 por ciento del Ejército nacional estuviera equipado con
material capturado al enemigo, hasta el punto de que, por una cruel ironía de la
Historia, el Ejército popular era uno de sus grandes proveedores.

Pero a esa circunstancia se unió otra que dice mucho de lo sucedido en
ambos bandos. Los nacionales apresaron veintidós[79] Aero A.101 que
transportaba el Hordena y que Howson califica de « vetustos y prácticamente

inservibles» .[80] A juzgar por las palabras del inefable Howson, los aviones
carecían de valor y, de hecho, los aparatos de ese tipo que llegaron a las manos
de los republicanos sólo fueron utilizados de manera fugaz en Belchite para, acto
seguido, verse relegados a misiones de reconocimiento marítimo en el seno del
Grupo 71. Pues bien, a diferencia de lo hecho por sus adversarios, la Aviación
nacional los utilizó en la campaña de Vizcaya, en la detención de la ofensiva del
Ejército popular sobre la Granja-Segovia, en la batalla de Brunete, en las
campañas de Santander y Asturias, en la del cierre de la bolsa de Mérida y en la
contención de la ofensiva contra Peñarroya. Todavía el 28 de marzo de 1939, dos
días antes de acabar la guerra, se usaron en una misión en el sector de Aranjuez.

Como ha señalado muy acertadamente A. Mortera Pérez, « la moraleja de
todo esto es que, cuando llegaba a manos nacionales —bien por captura, bien por
adquisición— un tipo de material anticuado o desgastado, éstos, en vez de
postergarlo entre lacrimógenas quejas o acerbas críticas, se limitaban a
repararlo, ponerlo en servicio y tratar de sacarle así el may or rendimiento
posible» .[81] Y es que, al final, la conclusión a la que se llega al examinar las
cifras escuetas y exactas del material empleado por ambos bandos es que, con el
que dispuso, el Frente Popular pudo ganar la guerra, y que la derrota no puede
achacarse a un desnivel de suministros.

3. La baza diplomática

De no menor importancia en la derrota y victoria finales fue la baza
diplomática. Sin embargo, una vez más, hay que atribuirla en no escasa medida a
las acciones llevadas a cabo por los respectivos gobiernos. El Gobierno del Frente
Popular no fue abandonado por las democracias como suele repetirse de manera
tópica e inexacta. De hecho, el Gobierno francés del Frente Popular simpatizaba
abiertamente con el del Frente Popular español e, incluso en las épocas en que la

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frontera con Francia estaba formalmente cerrada, siguieron llegando a la España
frentepopulista entregas de armas.[82] Por su parte, Gran Bretaña había llegado
a la conclusión, antes del estallido de la guerra, de que el Frente Popular
avanzaba en la dirección de un sistema similar al soviético y no estaba dispuesta
a apoy ar semejante eventualidad. La propaganda posterior hablaría de la lucha
entre la democracia y el fascismo, pero, de manera bien significativa, la guerra
civil española no fue vista así por las potencias de la época. Para Alemania, se
trataba de una lucha entre los blancos —el nombre que dieron desde el principio
del conflicto al bando nacional— y los rojos, similar a la vivida con anterioridad
por naciones como Rusia o Finlandia. Sus enemigos intentarían homologar a
Franco con Hitler o Mussolini, pero el Führer sufrió especialmente el carácter
blanco del régimen de Franco y el que el sector azul de la Falange —el único con
similitudes con los fascismos— pesara tan poco. Durante la Segunda Guerra
Mundial, Hitler se plantearía incluso la posibilidad de dar un golpe de Estado en
España que derribara a Franco e implantara una verdadera dictadura fascista.
Para la URSS, se trataba de una oportunidad de extender la revolución mediante
la creación de una dictadura similar a la que, después de la Segunda Guerra
Mundial, conocería el Este de Europa. Sin embargo, no fue tan ingenua como
para pensar que se enfrentaran en los campos de España los partidarios de la
democracia y los del fascismo. Sin duda, desde la perspectiva de la Komintern,
el bando nacional era fascista, pero también lo habían sido los socialdemócratas
alemanes o las democracias occidentales si se terciaba. Cuando concluy ó la
guerra en España, Stalin no tuvo ningún problema en pactar con Hitler el reparto
de Europa oriental y en ordenar que los partidos comunistas en Occidente
sabotearan el esfuerzo de guerra de las democracias contra el nacional-
socialismo alemán.

Las democracias como Estados Unidos o Gran Bretaña no simpatizaban con
ninguno de los dos bandos, pero no pudieron dejar de percibir el peligro
comunista como algo mucho peor que la implantación de una dictadura
autoritaria. Las noticias sobre matanzas como las de la cárcel Modelo de Madrid
o las de Paracuellos no pudieron ser neutralizadas mediante inventos
propagandísticos como el de la supuesta matanza en masa en Badajoz. Era obvio
que los alzados fusilaban y que se veían episodios de horror en la zona de España
que controlaban. Sin embargo, no estaban desencadenando una revolución como
la soviética, precisamente la revolución que las legaciones diplomáticas podían
observar con verdadero espanto en ciudades como Madrid y Barcelona, donde la
represión frentepopulista se cobró más de veinte mil vidas durante la guerra.
Entre la revolución al estilo soviético y la contrarrevolución optaron por la
neutralidad benevolente hacia la segunda. Dicho sea de paso, sería el mismo
comportamiento que seguirían después de la Segunda Guerra Mundial y durante
la Guerra Fría.

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[86] A. Mortera Pérez, « España… ¿traicionada?» , en REM, vol. IX, julio-agosto,
2004. pp. 83 y ss. Ibid., vol. IX, septiembre, 2004, pp. 148 y ss. <<

Page 249

[87] L. Suárez, Francisco Franco y su tiempo, t. II, p. 312. <<

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