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TagsMary Mother Of Jesus Catholic Church Eucharist Mass (Liturgy) Our Lady Of Fátima
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Otros se burlaban de este miedo. María Carreira, do Moita no podía
permitir que amenaza semejante la impidiese esperar la aparición de
Nuestra Señora. Había arreglado una mesa con flores como una especie de
altar y había vigilado la erección de un arco rústico con algunas cruces
sujetas a él y dos lámparas colgantes para señalar el lugar durante la noche.
Aunque parezca increíble, se llegó a decir que María Rosa había
contribuido algo a la instalación de estas lámparas, y que su hija mayor
estaba ayudando a arreglar el arco y la mesa.

Pero ¿dónde estaban los niños?

A eso de las doce algunos de los más próximos a la carrasca
comenzaron a rezar el Rosario, y gradualmente todos se unieron a ellos.
Después se oyó un débil sonido en forma de murmullo, seguido por algo
parecido a un ruido de trueno sordo y prolongado: algunos lo localizaron
en el camino, otros en el arbolito y otros en la lejanía del horizonte. Aquí y
allá se oyó un grito de temor: “¡Vamos a morir!”, y algunos echaron a
correr. La mayoría permaneció silenciosa y algo atemorizada. Entonces
vieron un destello de luz, y hacia el Este, por encima de sus cabezas, algo
semejante a una nubecilla, frágil, blanca, transparente, que flotaba
descendiendo hasta venir a descansar sobre la carrasca. Un momento
después se elevó de nuevo y se desvaneció en el cielo azul.

En tanto que los presentes se miraban unos a otros, todos
maravillados y sorprendidos, muchos observaron un hecho extraño, del
que siguen dando testimonio aún en la actualidad María Carreira y otros:
sus rostros aparecieron ricamente matizados con los distintos colores del
arco iris, y aun sus ropas se cubrieron de colores rojos, amarillos, azules,
naranjas y otros, mientras el follaje de los árboles y matorrales parecía ser
de flores brillantes en vez de hojas, y la misma tierra reseca semejó
cubrirse con cuadros de variados tonos esplendorosos. “No hay duda
alguna de que Nuestra Señora había venido —dice María Carreira—; pero
no encontró a los niños.” ¿Dónde estaban los picaruelos? Todo el mundo
se lo preguntaba.

Hasta ahora, tío Marto y Antonio no habían dicho nada respecto a la
extraña conducta del administrador. Y a poco vieron que algunas personas
llegaban con la noticia de que se los había llevado presos, primero a casa
del párroco y después a su propia casa en Ourem.

¡Así, el administrador era el que había estropeado la aparición y
frustrado a la Madre de Dios! ¡Y el párroco! La gente, desde luego, sacó la
conclusión de que los dos habían conspirado juntos para defraudarles, y a

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