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Page 1

EL B A R C O DE VA

Eric Wilson

il

3 O R

\

Terror
en Winnipeg

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[unto a él, en la repisa, había una nota que

decía: Annie, dile a Harían que llegaré el sábado
a primera hora. Lee.

Con una mezcla de excitación y temor,

Tom recordó haber oído el nombre de Lee en

la furgoneta del secuestro. ¡Ahora sí que

progresaban sus investigaciones!

La tostadora crujió y saltaron dos tostadas.

Annie extendió mantequilla sobre ellas, con

una mano que temblaba ligeramente.

—Tengo que irme —dijo Tom, preocupa­

do ante la idea de que Harían pudiera regre­
sar de repente.

—Aún no. Es muy aburrido estar sola en

este piso: me encantaría charlar un rato
contigo.

—De acuerdo, pero sólo un momento.

Annie pasó a una habitación de muebles

descoloridos y se sentó en una mecedora de

madera.

— ¿A qué has venido, Tom?

El se acercó a la ventana abierta y miró

hacia abajo, observando el río y el bosque

para tranquilizarse.

—Como le dije, traigo un mensaje para
Harían.

— ¿Cuál es el mensaje?

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—Bueno. Es confidencial.

—¿De quién es?
Tom concentró su mirada en el paisaje

exterior, sintiendo que el sudor humedecía

su piel.
—De Lee.

— ¡Ah!
Tom observó a Annie; ésta mordisqueaba

una tostada y nada hacía suponer que sos­

pechara algo.
—Si no viene Harían —preguntó, forzan­

do la voz para que pareciera natural— ,

¿donde podría encontrarle?
—Quizá en Monarch. Creo que se aloja a

veces en una granja que hay junto al río; o

quizá lo encuentres en la ciudad.
— ¿Monarch? ¿No es allí donde las Indus­

trias Dorchester inauguran mañana la fábri­

ca de agua pesada?
— No, si demon hace algo.

—¿Qué quiere decir?
La joven parecía un poco azorada, como si

comprendiera que había dicho algo que no

debía; luego sonrió.
—Bueno, sólo son suposiciones, pero estoy

segura de que demon intentará evitar la

inauguración de la fábrica.

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señorita Ashmeade hablando con un hom­

bre que tenía un mechón de pelo blanco.

Poco después éste disparó sobre Red, así que

tuvo que ser ella la que diera la orden.

Dietmar puso comida en el plato de Tom.

—Esta salchicha es especial para policías

como tú —dijo Dietmar con la boca llena.

— Habla, pero no escupas —Tom probó

un poco de salchicha, pero no pareció gus­

tarle porque la apartó enseguida. Queriendo

comer algo, cogió una patata frita.

—De todos modos —dijo entre dos boca­

dos— , yo sabía que el nombre de pila del

señor Stones era John, por lo que no podía

ser Lee. Y no sólo eso; yo había visto las

iniciales L. A. en el marcador de libros de la

señorita Ashmeade.
Por primera vez notó Tom el olor de la

gasolina del motor del barco. Fue un descu­

brimiento desagradable, sobre todo cuando

empezaba a sentir ciertas náuseas produci­

das por el movimiento de la cubierta. Con

mano poco firme cogió un trozo de pescado.

... Finalmente —dijo haciendo esfuerzos

por tragar— ... finalmente... ¡uh...! finalmen­

te, también escuché a la señorita Ashmeade

decir que tenía que ir a White River «para

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