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decir 40 más de los comprometidos y probablemente todos los que tenía, más 201
millones de intereses. Pero en junio, en lugar de aportar los otros 770, anunció que
"en los próximos días" entregaría al Banco Central 200 millones y volvió a insistir
en canjear los 570 restantes por las presuntas deudas del Estado, que una vez más
estimó en 150 millones de dólares, sin descontar lo recibido en efectivo por los
pasajes. Cavallo dijo que no había conflicto alguno con Iberia y sus socios, y en un
comunicado por escrito el Ministerio de Economía declaró que "la Subsecretaría de
Transporte y las autoridades de Aerolíneas Argentinas Sociedad Anónima [es decir,
Iberia] procedieron a cumplimentar con los términos pactados en las actas
relacionadas con la ejecución del contrato de transferencia", lo cual no era cierto.
Añadió que Iberia, es decir ARSA, se comprometía a entregar "una cifra
aproximada" a 300 millones de dólares en títulos de la deuda, y que el saldo
quedaría sujeto a la verificación de los créditos presentados por ARSA por pasajes,
deudas de organismos nacionales, diferencias de inventario y pasivos de la
Aerolíneas Argentinas estatal, por los pretendidos 150 millones de dólares.

La reaparición de esta cifra era asombrosa, ya que apenas dos meses antes Iberia
no reclamaba deudas por más de 86 millones de dólares. Pero en el mercado
secundario los papeles argentinos se habían encarecido un 17 por ciento desde
febrero, e Iberia no estaba dispuesta a asumirlo. Renegaba entonces del convenio
firmado el 12 de abril y volvía a las propuestas que el gobierno había rechazado en
marzo, en el tercer replanteo de condiciones desde la transferencia. Al vencer el
plazo del 12 de junio, Iberia presentó notas de débito por 135 millones de dólares, y
pocas horas después le sumó otros 15, hasta redondear la suma que, considerando
el precio en el mercado secundario de los títulos de la deuda argentina, equivalía a
los que le tallaban para cumplir lo prometido. Amadeo Riva explicó que los 86
millones de dólares se originaban en la falta de dos turbinas y otros ítem
inventariados y no recibidos y en el desgaste de los materiales recibidos, medido
escrupulosamente para cada decolaje y aterrizaje. Otros 64 millones de dólares
respondían a pasajes vendidos a organismos oficiales, vacaciones no pagadas por el
Estado al personal y deudas pendientes con proveedores. Sin embargo, los
directivos de Iberia negaban que tuvieran problemas para reunir los papeles, y
explicaban que su entrega con cuentagotas se había dispuesto para dar tiempo al
Estado argentino a pagar sus deudas. Un diario español desarrolló esa hipótesis: la
intención habría sido desde el primer momento no completar los compromisos de
pago contraídos por Iberia antes de que el gobierno argentino hiciera lo mismo con
los suyos. Sin embargo, otra publicación económica española reveló que Iberia
había perdido 2.000 millones de dólares en 1990, lo cual redujo a menos de 1.000
millones el beneficio total del sector público español. En cualquier caso, esto
ratifica que la descuidada gestión de Dromi colocó a los negociadores argentinos en
una situación aun más vulnerable que la de los débiles compradores españoles. A
ocho meses de la transferencia se seguía discutiendo sobre el inventario, pese a que
el pliego sólo otorgaba quince días para zanjar las diferencias que pudieran surgir.

El 4 de julio, Soria y Cavallo terminaron por aceptar las condiciones de Iberia,
que constaron en una nueva acta: reconocieron al consorcio 22 millones de dólares
por pasajes a volar hasta el 30 de setiembre; admitieron la presunta deuda del
Estado por 150 millones de dólares, y a cambio de ella aceptaron reducir en 560
millones de dólares los títulos de la deuda externa, de modo que los compradores
sólo entregaron otros 210 millones de dólares en pagarés argentinos. Iberia había
conseguido todos sus objetivos. "En las próximas privatizaciones no cometeremos
tantos errores", reflexionó, sombrío, ante los periodistas cuyas preguntas no podía
contestar, el subsecretario Soria, partidario de la anulación que Menem no quiso
disponer.

En setiembre ingresaron al consorcio, con el 19 por ciento entre ambos, los
bancos españoles Hispano Americano y Banesto, que sumados al 30 por ciento de
Iberia y el 2 por ciento de Otalora, controlan la compañía en infracción a los pliegos.
Cumplidas esas condiciones, el 31 de octubre, el Estado liberaría el resto de las

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acciones, y el 17 por ciento que teóricamente correspondía a De Vincenzo y Riva se
entregaría a otros grupos empresarios argentinos, tal vez Macri, Soldati y/o Pérez
Companc, con quienes había conversaciones. Entretanto, el estudio Fargossi
continuaba compilando reclamos de Iberia contra el Estado, para presentarlos en el
próximo encuentro de renegociación permanente. La directiva de Iberia es inflar
todos los rubros el máximo posible. Por ejemplo, en una presentación anterior,
había valuado en 9 millones de dólares los pasajes entregados para sus vacaciones
al personal de Aerolíneas Argentinas; en la siguiente, los mismos pasajes
aparecerían con un valor de 31 millones de dólares.

Pero a mediados de setiembre los peritos de la Fuerza Aérea rechazaron la validez
de cinco de las pretensiones de Iberia y sostuvieron que:

la compensación por falta de mantenimiento no podría superar los 2,9
millones de dólares, contra los 17,6 ambicionados por Iberia;

en vez de pagar 7,7 millones de dólares por desgaste de las aeronaves desde
la transferencia, Aerolíneas Argentinas debería cobrarle 5,2 millones de dólares a
los españoles por reparaciones realizadas;

los denominados inventarios ineficientes no ascenderían a 13,1 sino a 4,3
millones de dólares, ya que los españoles apresuraron la declaración de
obsolescencia de algunos bienes y computaron otros por segunda vez, y

tampoco serían aceptables los 3 millones de dólares que Iberia intentaba
descontar por nivel de stock y materiales a devolver.

De modo que, de los 41,67 millones de dólares de ítem técnicos sometidos a su
consideración, la Fuerza Aérea sólo reconoció un millón. Pero, además, objetó el
cálculo de 70 dólares por hora/hombre del trabajo comprendido en cada punto, ya
que el máximo internacional es de 46 y el valor interno argentino de 35, con lo cual
el Estado no sería deudor sino acreedor. En los primeros días de octubre de 1991
era dudoso que el gobierno de Menem ratificara este dictamen técnico, cuyo destino
más probable era convertirse en una pieza más de la documentada historia de una
estafa prodigiosa.

Ya aclimatada a este país tan amable, a Iberia sólo le falta reclamar el desfile de
reivindicación.

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Indice









Argumento...........................................................................1
I. Personajes ......................................................................3

II. Trasfondo .......................................................................9
III. El precursor..................................................................29
IV. Los controles ................................................................36
V. Hombres de palabra......................................................62

VI. Moby Dick ....................................................................71
VII. Mientras la ciudad duerme ...........................................78

VIII. Un hombre llamado Cavallo ........................................116
IX. San Expedito ..............................................................120
X. Gases tóxicos..............................................................161

XI. El pozo negro..............................................................173
XII. Los diamantes son eternos..........................................189

XIII. Su ruta.......................................................................199
XIV. La nueva Argentina.....................................................207
XV. Un contador sin visión política ....................................217


Notas...............................................................................222

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Esta edición

se terminó de imprimir en
Industria Gráfica del Libro S.A.

Warnes 2383, Buenos Aires,
en el mes de febrero de 1992.

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